lunes, 19 de septiembre de 2011

BELICE. BENIN. BERMUDAS.



BELICE      (América Central)


Capital: Belmopán
Forma de gobierno: Monarquía (Dominio)
Independencia (del Reino Unido): 21 septiembre 1981
Superficie: 22.966 Km2 (151º)
Población: 334.297 hab (177º)    Densidad: 14,5 hab/Km2
PIB/cápita: 8.400 $ (128º)
Miembro de: Commonwealth, OEA

País situado en el extremo NE de América Central, limitando con Méjico al N y con Guatemala al O y al S. Ciudad de Belice, la antigua capital, ha cedido el puesto a Belmopán como principal aglomeración urbana y  principal puerto.

HONDURAS BRITÁNICA
 
Formó parte del territorio maya. Ya en 1524 formaba parte de la Capitanía General de Guatemala. En 1638 comenzó la introducción de piratas y aventureros ingleses, que de momento cesó con el Tratado de Paz firmado en Madrid en 1670. Pero luego volvieron, y hubo que echarlos una y otra vez.

Los piratas, filibusteros, bucaneros o pechilingues, que de todas esas maneras, y otras más, se les llama, buscaban lo de costumbre: bases desde donde asaltar a los navíos españoles. Pero en este caso buscaban además otra cosa: el palo de Campeche, madera procedente de una especie arbórea, muy apreciado como colorante. Si bien su importancia decayó mucho con la invención de las anilinas en 1903, todavía en 1950 se comercializaron a nivel mundial 70.000 toneladas.

Volviendo a nuestros filibusteros, en el siglo XVIII continuaron sus intentos y las expediciones enviadas por el Virrey de Nueva España para echarlos. En el Tratado de Versalles de 1783, los británicos se comprometían a abandonar todo establecimiento en el Continente, mas su pertinaz desfachatez obligó a un Tratado complementario en 1786.

Cuando en 1821, las Provincias Unidas de Centroamérica asumieron la soberanía, con la doblez que parece ser rasgo atávico de esas gentes, los filibusteros se transmutaron, según inveterada costumbre, en respetables colonos que, de modo absolutamente unilateral, proclamaron en 1840 la soberanía de Su Graciosa Majestad. 

Entonces nació la denominación ‘Honduras Británica’. Guatemala firmó un Tratado de devolución que los hijos de la Gran Bretaña, como es habitual, no respetaron.

Los primeros sellos usados, en 1858, fueron británicos; la primera emisión propia es de 1866.

Honduras Británica recibió un régimen de autonomía en 1964; véanse a continuación sellos correspondientes al periodo.


En 1973, el nombre de la colonia fue sustituido por el actual de Belice. Los sellos siguientes son de Belice autónomo.


En 1981, recibió la independencia, que Guatemala reconoció, aunque sigue reclamando parte del territorio.

BELICE

 
Siendo uno de los llamados ‘dominios’, la Jefatura del Estado corresponde a la soberana del Reino Unido, representada, como es de rigor en tales casos, por un Gobernador General.


En el Norte predominan las llanuras costeras bajas y pantanosas; al Sur, la no elevada cordillera de los Montes Mayas. El clima es tropical, muy cálido y húmedo. El 60% es selva; el 20%, cultivos; el resto, sabanas y humedales. El 36% del territorio está bajo algún tipo de protección.


La renta per cápita, al darse grandes diferencias de recursos entre la población, oculta el hecho de que si bien es la segunda de América Central, el 41,3% de los habitantes viven bajo el nivel de pobreza.


La balanza de pagos arroja un déficit de 59,5 millones de dólares, lo cual explica una deuda pública correspondiente al 90,8% del PIB.

Las producciones exportables son azúcar, jugos concentrados de frutas, productos del mar y bananas. 

El inglés es la única lengua oficial; lo habla, como lengua habitual, el 5,6% de la población. El 87,9% usa como lengua habitual el español.

El 51% de los habitantes son mestizos amerindios/blancos; el 21%, mulatos; el 10%, amerindios mayas¸ el 4,6%, mestizos amerindios/negros; el 7,8%, blancos de ascendencia británica o española.

La tasa de fertilidad es de 3,08 hijos/mujer, lo que corresponde a un crecimiento anual de 2,011%. La población urbana no pasa del 52%. La esperanza de vida es de 68,28 años, y la tasa de alfabetización, 76,9%.


CAYOS DE BELICE

La costa del país cuenta con numerosas islas y arrecifes coralinos. Es hacia esa zona hacia donde se encauza el turismo, que se trata de atraer.


En 1984 se han comenzado a emitir sellos específicos de los ‘Cayos de Belice’.


BENÍN      (África Occidental)


Capital: Porto-Novo
Ciudad más poblada: Cotonú (sede del Gobierno)
Forma de gobierno: República democrática presidencial
Independencia (de Francia): 1 enero 1960
Superficie: 112.620 Km2 (101º)
Población: 9.877.292 (89º)     Densidad: 87,7 hab/km2
PIB/cápita: 1.700 $ (201º)
Miembro de: OUA

Es un país de África Occidental con salida costera al Océano Atlántico. Los cambios de ida y vuelta de denominación (Benín – Dahomey – Benín) tienen su origen en rivalidades y razones de  prestigio entre grupos tribales, materia que no vamos a detallar. 

Se le considera la cuna del vudú exportado a América. Conserva una densa cultura tradicional y una rica expresión artística.

La penetración francesa comienza en 1851 con un acuerdo comercial y de amistad con uno de los reyezuelos costeros. Por Tratados de 1868 y 1878, la zona de la costa es cedida a Francia; es en este periodo cuando se emiten sellos coloniales con la leyenda “Benín” (1892-1894).

El reyezuelo de Dahomey (en el interior) intentó recuperar la zona ocupada por los franceses; fracasó y fue deportado a la Martinica. En 1899, Francia reagrupa sus posesiones en una colonia que lleva el nombre de Dahomey.

En el periodo entre las dos Guerras Mundiales, gracias a la labor de alfabetización promovida por las órdenes religiosas, surge una minoría cultivada en cuyo seno se gestan los primeros grupos de oposición al sistema colonial.


De 1944 a 1958, dentro de la política de reorganización postal de la Francia colonial, Dahomey carece de sellos propios, utilizando los del África Occidental Francesa.

En 1958, se constituyó como Estado autónomo dentro de la Comunidad Francesa. Al fracasar ésta, adquiere la independencia el 1 de agosto de 1960, con el nombre de ‘República de Dahomey’. Se van a suceder numerosos golpes de estado y destituciones presidenciales.

En 1975 se creó un sistema de partido único, en el marco del cual el Partido de la Revolución Popular de Benín, que, pese a su carácter marxista-leninista, no alteró los intereses económicos europeos, cambió el nombre del país, que pasó a llamarse “República Popular de Benín”.


En 1989 fue aprobada por referéndum una nueva Constitución y la celebración de elecciones multipartidarias. El nuevo régimen abandonó la ideología socialista, produciéndose un nuevo cambio de nombre: “República de Benín”, así, a secas.


La mayor parte de la población habita en las llanuras costeras, donde se ubican las ciudades  mayores. El sector norte está formado por sabanas y zonas montañosas semiáridas. El clima es tropical, de la variante de dos estaciones lluviosas.

La economía sigue siendo subdesarrollada y dependiente de la agricultura de subsistencia. Se produce algo de algodón. Hay, en cantidades modestas, petróleo, oro y piedras de construcción, todo ello explotado por empresas extranjeras, permitiéndose la salida de capital.

Un 27,1% son católicos; un 10,4%, protestantes; un 24,4%, musulmanes. El animismo es muy practicado.

El nivel de alfabetización es aproximadamente del 42,4%; fuera de las ciudades, los servicios de salud son escasos.

La población de origen europeo constituye el 0,1% de la total. La esperanza de vida es de 60,26 años, y el promedio de hijos por mujer, 5,13 (17º). La población urbana no pasa del 42%. 

Es fuerte la incidencia del SIDA: 2.700 muertos al año.

El idioma oficial es el francés, aunque cada etnia tiene su propia lengua.



ISLAS BERMUDAS      (Océano Atlántico)


Las islas Bermudas (‘Bermuda’ en inglés) constituyen un archipiélago formado por más de 150 islas, de las cuales sólo 6 son importantes, situado en el llamado ‘Mar de los Sargazos’, frente a la costa SE de los EE.UU. Hamilton es la capital, puerto principal y mayor centro comercial.

Se trata de islas de origen volcánico, con formaciones coralinas y rodeadas por arrecifes de coral sumergidos. La altura media es de 80 m sobre el nivel del mar. El clima es subtropical húmedo, con abundantes huracanes en el verano. 

Una carencia de las islas es el agua dulce, siendo recogida el agua de lluvia en abundantes cisternas y depósitos.

Son una colonia británica, uno de los 16 territorios que figuran en la lista del Comité de Descolonización de la ONU. Recibieron autonomía interna en 1967.

Fueron descubiertas por el navegante español Juan Bermúdez en 1505; el lugar no fue colonizado permanentemente, pero sí utilizado por españoles y portugueses para el reabastecimiento de agua y carne fresca.

El establecimiento inglés se produjo en 1607, concediéndose la explotación a la Compañía de Virginia y después a la Somers. Desde muy  pronto hubo problemas de superpoblación, habiéndose de acudir a la emigración constante. 

A finales del siglo XVIII, al menos 1/3 de la mano de obra de las islas estaba en el mar en un momento dado, y ya en la primera mitad del XVII fueron necesarias normas limitando la caza de determinadas aves y la pesca de tortugas.

En el siglo XVII, la Somers Isles Company pretendió que cesara la construcción naval, para que los colonos se dedicaran a la agricultura, actividad ésta que tuvo escaso éxito. Las protestas de los colonos llegaron a lograr en 1684 la disolución de la Compañía.

Conseguido esto, se dedicaron a la construcción naval (utilizando una variedad autóctona del cedro) y al comercio marítimo (con la sal como principal producto), no menos que a la caza de ballenas y al corso y pirateo contra navíos españoles.

Después de la pérdida de las Colonias Americanas, adquirieron importancia estratégica y militar, que han conservado hasta casi nuestros días. 

Tuvieron un papel importante en la guerra angloamericana de 1812, en la Guerra de Secesión (sirviendo de base y apoyo a los barcos confederados que burlaban el bloqueo yanqui) y, por supuesto, en la Segunda Guerra Mundial, cuando se llenaron también de bases estadounidenses que han permanecido hasta hace pocos años.

A principios del siglo XX, se convirtieron en un destino apreciado para opulentos turistas  norteamericanos, canadienses y británicos, que llegaban en vapores. En la década de los 30, se hicieron los primeros ensayos de enlace aéreo, creándose la primera línea regular en 1948, con lo que el turismo alcanzó su máximo desarrollo en los 60 y 70 (hoy, más del 80% de los visitantes proceden de EE.UU.)

Actualmente, la ‘función financiera’ (con cierta especialización en seguros) ha desbancado al turismo como primera fuente de ingresos.

La población es de 69.467 habitantes. Étnicamente, el 53,8% son negros; el 31%, blancos y el 7,5% mestizos. Una parte significativa de la población blanca (10%) es de origen portugués, resultado de la inmigración, principalmente de las Azores, durante los últimos 160 años. 

Hay descendientes de amerindios, llevados en su día como trabajadores o como esclavos (caso de los indios algonquinos de Nueva Inglaterra, vendidos como esclavos en el siglo XVII).

La religión predominante es la anglicana. El número de trabajadores extranjeros, de muy variada procedencia, es elevado (según estimaciones oficiales, hasta el 29% de la fuerza laboral).

sábado, 17 de septiembre de 2011

BÉLGICA 2



BÉLGICA      (Europa Occidental)

El territorio de Bélgica se divide geográficamente en tres regiones: la planicie costera al NO., la meseta central y las altiplanicies de las Ardenas al SE.

En la planicie costera se han ganado algunos espacios al mar, siguiendo el ejemplo neerlandés, pero a escala mucho más modesta. 

La meseta central es un área lisa y de poca altitud, con numerosos valles fértiles e irrigada por muchas vías navegables. 

La región de  las Ardenas, más accidentada, es una meseta densamente boscosa, muy rocosa y poco apta para el cultivo; aquí se concentra la mayoría de la fauna salvaje y se halla el punto más alto, con sólo 694 m de altitud.

El clima es marítimo templado, con precipitaciones significativas durante todo el año. Por la elevada densidad de población, tiene serios problemas de medio ambiente, especialmente en lo que se refiere a la calidad de las aguas de los ríos, la peor de Europa según estudios realizados.

La economía belga presenta un carácter dual, con una dinámica parte flamenca, que incluye Bruselas, centro multiétnico, y por otro lado, con una economía valona más ruralizada y menos dinámica.

Bélgica fue el primer país de la Europa continental en el que se desarrolló la Revolución Industrial a principios del siglo XIX. Lieja y Charleroi desarrollaron una actividad minera y una industria acerera que floreció hasta mediados del XX.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Gante y Amberes experimentaron una rápida expansión del sector petroquímico, y químico en general, mientras que la siderurgia belga sufría un grave retraso, responsable de la inhibición del desarrollo de Valonia. En los años 80 y 90, el doble proceso continuó. Hoy la industria está en su mayor parte concentrada en la poblada área flamenca del Norte del país.

Bélgica ha desarrollado una excelente infraestructura de transportes, que le permiten integrar su industria con la de las naciones vecinas. Amberes es el segundo puerto de Europa, después de Rotterdam.

Miembro fundador de lo que hoy es la Unión Europea, Bélgica apoya la extensión de los poderes de las instituciones europeas para integrar las economías de los países miembros, aunque, con la grave crisis actual, todo esto se halla puesto en entredicho. 

En 1991 adoptó el euro. Su economía está estrechamente orientada hacia el comercio exterior, con referencia especialmente a productos de alto valor añadido.

Los logros reseñados, que no son pocos, están hoy comprometidos por un muy fuerte descenso del sentido nacional unitario, con las consecuencias políticas que luego se verán.

A lo largo de casi doscientos años, ha tenido lugar una especie de ‘giro copernicano’. Durante decenios se consideró a Bélgica como un país francófono; vimos que la independencia la gestionaron  políticos de formación y habla francesa; fue en el sur donde se llevó a cabo la revolución industrial, el auge de la siderurgia. Era la zona que contaba, y sus habitantes tendían a menudo a despreciar a los del norte como a campesinos toscos que hablaban un lenguaje extraño.

Quizá esta visión se ha prolongado más de la cuenta por el caso de Bruselas, la ciudad que más conocen los visitantes y los funcionarios internacionales que en ella residen. Bruselas, legal y fácticamente, es bilingüe, pero en el centro lo que más se oye es el francés. Hay que desplazarse fuera de él para oír el neerlandés.

Hoy la situación del país ha cambiado: Valonia, al decaer económicamente, tiene un número mayor de parados, y una población más vieja, con más pensionistas. Flandes, no sólo tiene más población, sino que se ha desarrollado; es la zona próspera. Ha ido creciendo en ella una actitud mental nacionalista, con sectores claramente separatistas.

Las manifestaciones del fenómeno aparecen por doquier. No pasa del 1% la proporción de matrimonios mixtos. En la universidad de Lovaina, célebre desde la Edad Media, ahora se enseña en neerlandés (ha habido que crear una Nueva Lovaina, de habla francesa). Al ser los más ricos, afirman los flamencos que es de sus bolsillos de donde sale el dinero con el que se paga a los parados y pensionistas valones.

La brecha se ha ido abriendo poco a poco. Como dato anecdótico, cuando en 1941 Hitler hizo un llamamiento a los pueblos de Europa para combatir el bolchevismo internacional, elementos de Flandes y Valonia respondieron a él, pero con organizaciones y cuerpos expedicionarios, eso sí, separados.

Tradicionalmente han existido, además, diferencias ideológicas (recuérdese el problema de la vuelta de Leopoldo III). Mientras Valonia era claramente socialista, Flandes era la base del poder del partido popular católico democrático (CVP). Por citar otro dato, según las encuestas es mucho mayor el número de agnósticos en Valonia.

Se ha intentado, por supuesto, resolver estas cuestiones por métodos institucionales; ya en 1889 se promulga la Ley de Lenguas, según la cual tanto el neerlandés como el francés eran lenguas oficiales (quedó comentado el riguroso bilingüismo de los sellos de correos). 

Durante la Primera Guerra Mundial, surge el movimiento que quería acabar con el predominio del francés, y hacer de Flandes un territorio monolingüe neerlandés, proceso que en efecto se va llevando a cabo entre 1932 y 1968. Es en 1963 cuando se adoptan las leyes que dividen el país en zonas lingüísticas.

Todo lo señalado llevaba a un proceso de federalización, que se desarrolla entre 1970 y 1993. Las reformas constitucionales de 1980, 1988 y 1993, extienden las competencias de Regiones y Comunidades configurando la organización actual del Estado.

Existen:
1.- Tres Regiones: Flandes, Valonia y Bruselas – Capital.
2.- El Gobierno Federal, con sede en Bruselas.
3.- Las tres Comunidades Lingüísticas: flamenca, francesa y germanófona (esta última en el territorio de la región valona).


Correlativamente, hay tres niveles de organización. El más alto es el Gobierno Federal, que controla más del 90% de los impuestos. Después, los gobiernos de las Comunidades, responsables de promocionar lengua, cultura y educación. El tercer nivel lo constituyen los Gobiernos Regionales. Se prevé también (cómo no) un Tribunal de Arbitraje.

Parece algo complicado, y lo es en efecto. Por lo demás, ya no existen partidos nacionales; los partidos, o son flamencos o son valones.

Sería impertinente detallar la serie interminable de crisis y contiendas. Señalemos únicamente que no ha habido un Ejecutivo estable desde junio de 2007, y que el último antes de la última crisis duró nueve meses. 

Los belgas votaron el 13 de marzo de 2010 y, hasta el 15 de septiembre de 2011, la clase política fue incapaz de formar una alianza de gobierno que uniera a las dos comunidades importantes del país. Bélgica ha batido la marca que hasta ahora ostentaba Irak.

La responsabilidad recae, en primer lugar, sobre los nacionalistas flamencos, cada vez más inclinados a la partición del país, y que ganaron las últimas elecciones. 

Los francófonos, con los socialistas a la cabeza, rechazan seguir disminuyendo las competencias del gobierno federal y, sobre todo, dividir la fiscalidad y la seguridad social, porque Valonia, más pobre, saldría perjudicada. Bruselas, naturalmente, es otro escollo: enclavada geográficamente en Flandes, pero con mayoría francófona, los flamencos no quieren renunciar a ella en caso de una eventual partición.

El que fue primer ministro en funciones, Yves Laterne, dijo hace años que a los belgas ya sólo les unían el Rey, la selección de fútbol y algunas cervezas.

El aspecto refrescante de la situación es que el país, sin un gobierno constituido y con un presupuesto prorrogado, no parece haber sufrido demasiado por la crisis económica (el crecimiento del PIB fue en 2011 del 1,8%, y en 2012, del -0,2%); en los tiempos que corren, muchas naciones europeas firmarían por una coyuntura económica como la belga, lo que, claro está, ha dado lugar a sarcásticos comentarios sobre la utilidad de los políticos y de los gobiernos formados por ellos.

En todo caso, la economía del país, que, como se ve, algo ha sufrido como consecuencia de la crisis, es vista como una especie de referencia o testigo para el futuro de la UE. El FMI considera que es vulnerable a los desarreglos de la eurozona, en parte por su alta deuda pública. Varios bancos han tenido que recibir ayudas gubernamentales.

Así las cosas, en medio del suspense y tras repetidas, angustiosas y angustiadas peticiones del soberano, el 15 de septiembre de 2011 se anunció que se había llegado a un acuerdo entre 4 partidos flamencos y 4 valones para desbloquear el nudo, que no era sino una cuestión de tipo electoral afectando a unas comunas determinadas de la circunscripción de Bruselas.

El asunto parece baladí, pero ya sabemos todo lo que hay detrás. Un político socialista valón, Elio di Rupo, al frente de una coalición de 6 partidos consiguió formar gobierno tras tortuosas negociaciones, en diciembre de 2011, poniendo fin a un período record de 541 días sin gobierno definitivo.

Es el primer jefe francófono del ejecutivo desde hace más de 40 años, y ha sido criticado con frecuencia por su mal neerlandés, al tiempo que los votantes flamencos de derecha no se sienten demasiado felices de ser gobernados por un socialista francófono.

Lo más grave es que quedan pendientes de acuerdo los dos puntos realmente espinosos: la transferencia de nuevas competencias a las Regiones y el reparto de financiación para las distintas administraciones. Y lo que es peor: los nacionalistas flamencos de la N-VA, que son quienes más votos sacaron en las últimas elecciones, han sido excluidos de las negociaciones.

Como datos de geografía humana, citaremos que la población urbana es del 87%; el número de católicos, el 75%; la esperanza de vida, 79,65 años, y la tasa de fertilidad, 1,65 hijos/mujer.

Acabaremos la saga con un recordatorio frívolo: en el extranjero y a nivel popular, Bélgica es sobre todo recordada por tres cosas: los comics, las cervezas y los chocolates.



OCUPACIÓN ALEMANA

Alemania emitió sellos de ocupación durante la Primera Guerra Mundial, de 1914 a 1918. Se trata de sellos alemanes con sobrecarga en alemán.


No hubo sellos de ocupación en 1940-45. No es de extrañar, porque, salvo  excepciones muy concretas que irán apareciendo, el III Reich no los utilizó en Europa Occidental durante esta contienda, ni siquiera en Francia. Acaso la razón sea que el propósito de crear una Europa unida bajo su dirección se compaginaba mal con la existencia de sellos que proclamaban la ocupación militar.



EUPEN Y MALMEDY

Los ‘cantones del este’ de Bélgica, administrados por los Habsburgo en el siglo XVIII, fueron asignados por el Congreso de Viena a la parte renana del estado prusiano y, en consecuencia, se integrarían más tarde en el Imperio alemán.

Al producirse la derrota alemana en 1918, Bélgica los ocupó, y a ello corresponden los sellos de “Alemania - Ocupación belga” que aparecieron en la entrada ‘Alemania 1’. El Tratado de Versalles los asignó a Bélgica, primero provisionalmente y luego con carácter definitivo. Al periodo provisional (1920/21) corresponden los sellos que se presentan aquí.

Como es lógico, durante la Segunda Guerra Mundial revirtieron al III Reich, y, a su final, de nuevo a Bélgica. Durante la contienda, al encontrarse en zonas de combate, sufrieron grandes devastaciones.

Actualmente, los 9 cantones germanófonos del Este constituyen la Comunidad Germanófona de Bélgica, mientras que Malmedy forma parte de la región valona.