domingo, 21 de julio de 2013

PARAGUAY


PARAGUAY          América del Sur


La República del Paraguay es un país situado en la zona central de América del Sur, limitando con Argentina, Bolivia y Brasil.

Ocupa dos regiones diferentes divididas por el río Paraguay: la oriental, la más poblada, y la occidental, que forma parte del Chaco Boreal. Aunque no posee costas marítimas, cuenta con puertos sobre los ríos Paraguay y Paraná, que le dan salida al Océano Atlántico a través del Río de la Plata.

Capital: Asunción
Forma de gobierno: República constitucional
Independencia (de España): 14 de mayo de 1811
Superficie: 406.752 Km2 (60º)
Población: 6.623.252 (103º)     Densidad: 16,3 hab/Km2
PIB/cápita: 6.200$ (147º)
Miembro de: OEA, Mercosur (actualmente en suspenso)

Paraguay es un país pequeño en términos sudamericanos, bastante aislado y poco visitado. Sin embargo, resulta fascinante, por sus características culturales y étnicas y, más aun, por las peculiaridades de su historia, que parece veteada con rasgos de la obra de García Márquez o de Vargas Llosa.

La presencia española se inicia con supervivientes de la fracasada expedición de Díaz de Solís al Río de la Plata en 1516. Más tarde será nombrado Gobernador Alvar Núñez Cabeza de Vaca, ya entonces conocido por sus exploraciones a través del sur de los actuales Estados Unidos. Enfrentado con los colonos, dirigidos por Irala, deberá volver a España en 1545.

Por entonces el Consejo de Indias y la Casa de Contratación tomarán una decisión que será determinante para el aislamiento de Paraguay: en la alternativa entre transportar la plata del Perú por vía fluvial, bajándola del altiplano, al Río de la Plata, o bien llevarla por vía oceánica a Panamá, esta última será la solución elegida.

Paraguay quedará desligado administrativamente del Perú al crearse en 1776 el nuevo Virreinato del Río de la Plata, pasando a ser una intendencia de éste, la cual tenía una única ciudad, Asunción, y comprendía la Gobernación  de las Misiones Guaraníes, constituida por los restos de las Misiones Jesuíticas. En 1806 y 1807 los habitantes de la intendencia enviaron tropas a Buenos Aires para colaborar en el rechazo de los invasores ingleses.

En 1810, cuando la Junta argentina se declaró independiente, la intendencia de Paraguay se negó a someterse a ella, y siguió gobernándose por su cuenta, aunque la declaración formal de independencia no se produciría hasta mediados de siglo.

En un Congreso celebrado en septiembre de 1813, se adoptó la forma republicana, pero con la curiosa peculiaridad de confiar el poder a dos Cónsules, uno de los cuales (Yegros) pronto se apartó del gobierno. Entonces, en 1814, el Congreso confirió al otro, José Gaspar Rodríguez Francia, el título de Dictador Supremo.

El Doctor Francia, como se le suele llamar, nació en Asunción en 1766, falleciendo en la misma ciudad en 1840. Aunque objetivamente es una especie de ‘Padre de la Patria’, no por eso dejó de ser un jacobino autocrático y exaltado que dejó muy claro, desde el primer momento, que no consideraba su título de Dictador como honorífico, sino que sustituyó por su omnímoda voluntad todo sistema de leyes o normas; ni siquiera tenía ministros.

Consolidó la independencia de Paraguay respecto de Argentina, pero a base de establecer un aislamiento del exterior prácticamente completo. Por supuesto, jamás quiso saber nada de las cuestiones y problemas de otros países.

Clausuró, uno tras otro, todos los puertos fluviales, prohibió salir del país o entrar en él sin un permiso especial suyo, y aun estando dentro era necesaria la autorización para transitar de un lugar a otro. Por ejemplo, José Artigas, fundador del Uruguay, que se refugió allí, fue confinado hasta su muerte en la hacienda que se le asignó en un lugar apartado.

Ni había prensa ni se recibían periódicos del exterior. La correspondencia, además de controlada, era casi nula. Se constituyó en máxima autoridad de la Iglesia, teniendo sólo él capacidad de designar el clero, que no podía depender de ninguna autoridad exterior; prohibió procesiones y estandartes.

Dos conspiraciones de envergadura, descubiertas en 1820 y 1821, dieron lugar a una represión sonada: torturas, reclusiones por largo tiempo, confiscaciones de bienes y 69 ejecuciones. Aparte de eso, Francia descargó con saña sus venganzas personales contra los que creía le habían ofendido

Especial atención mereció la familia Zavala, a cuya hija Petrona había cortejado en sus años mozos, prohibiendo los padres el idilio. Los Zavala fueron ahora declarados ‘mulatos’ hasta la quinta generación, con todo lo que esa calificación suponía social y legalmente. El esposo de Petrona de Zavala fue mantenido preso con doble grillete por la misma cantidad de días que había estado casado con la pretendida del Dictador, anunciándosele su sentencia de muerte cada día.

Cuando el Supremo paseaba a caballo por las calles, debían cerrarse a su paso las puertas de las residencias, o volverse de espaldas hacia la pared quienes se cruzasen con él.

La educación se hizo obligatoria y gratuita, pero sólo a nivel primario y elemental. No se permitieron centros de enseñanzas medias ni superiores, posible foco de pensamientos contrarios al régimen.

El ejército no tenía otra cabeza que la suya. Se encargó personalmente de todos los asuntos militares, incluida la intendencia. El Paraguay carecía de Escuela Militar, y así nadie podía pasar del grado de capitán.

En lo económico, puso en marcha un sistema autárquico, con la economía fuertemente estatizada. La artesanía sólo fabricaba para el interior del país. 

Se reguló la distribución de la riqueza; el cultivo de trigo y algodón tuvo carácter preferente, distribuyendo a cada propietario una especie determinada en un área fijada. Se fomentó la cría de ganado en condiciones similares.

La abundancia de carne era tal que cuando regalar a los pobres el sobrante para mantener un número de reses equilibrado no era suficiente, era obligatorio sacrificar el exceso, incluso encargándose el ejército de la tarea. Únicamente una pequeña cantidad de madera se exportaba a Brasil a cambio de armamento. Las multas y confiscaciones a los españoles que tuvieron la desgracia de permanecer allí, también proporcionaban buenos ingresos.

Sólo estaba permitido heredar a los hijos legítimos, excluyéndose de la sucesión incluso al cónyuge.

Francia, eso sí, no era corrupto, pagando absolutamente todos sus impuestos como un ciudadano más; pero conservó hasta su muerte el mismo espíritu de venganza y odio implacable a todo el que consideraba su enemigo.

Nos hemos detenido mucho en el personaje, pero es que el monstruo lo merecía. De todas formas, el lector atento y curioso seguirá encontrando a lo largo de este resumen histórico personajes que, sin llegar por supuesto a la excelsitud del Supremo, merezcan dejar una huella en la memoria.

Francia murió sin dejar disposiciones en cuanto a su sucesión. Tras un periodo de anarquía, en 1842 el Congreso General  declaró formalmente la independencia del Paraguay

Carlos Antonio López (sobrino del Dictador) fue elegido Presidente en 1844, y se proclamó la primera Constitución, que consagraba un sistema presidencialista. El país se abrió al comercio internacional.

El Presidente fue sucedido por su hijo, Francisco Solano López, llamado a convertirse en una de las figuras más conocidas de la historia nacional. Fue él quien metió al Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), contra Brasil, Argentina y Uruguay, esto es, contra fuerzas increíblemente mayores.


Sin entrar en detalles, la guerra se debió a disputas territoriales previas a fijar el status de cada país en la región. El mapa adjunto ayuda a determinar las zonas en litigio.

Como era de esperar dada la correlación de fuerzas, Paraguay sucumbió, pero su resistencia fue heroica. Fue una gesta épica, pero insensata. Solano López decidió luchar hasta el último paraguayo, incluido él, que murió en combate hacia el final de la contienda, así como su hijo Panchito.

Paraguay perdió 170.000 Km2 y fue obligado a pagar una fuerte indemnización de guerra, luego reducida, y en garantía del pago quedaron confiscados los ferrocarriles y el telégrafo. La industria y la educación pública desaparecieron, como buena parte de la ganadería.

Lo peor fueron, sin embargo, las pérdidas humanas. Según Wigham, especializado en la materia, Paraguay quedó con una población entre 150.000 y 160.000 personas, de las que unos 28.000 eran hombres adultos. La relación de mujeres por varón era en general 4:1, pero había sitios donde llegaba a 20:1 e incluso más. De las aproximadamente 300.000 víctimas, parte murió en combate; el resto a causa de crímenes, penurias, enfermedades, hambre y agotamiento.

El país sufrió un colapso productivo, por la falta de mano de obra masculina para los trabajos duros. Las mujeres, niños y ancianos no podían contar con bueyes para arar la tierra, y era poco lo que podían producir, lo que creó un círculo vicioso: menos alimentos, menos energías y peor salud.

En 1870 Paraguay emitió sus primeros sellos de correos.

El Tratado de Paz definitivo se firmó en 1876, y empezó la trabajosa reconstrucción. En 1887 se fundó el primer partido moderno, el Liberal, que seguía la tradición de los opositores al gobierno de los López. El mismo año nació el partido Colorado, que reivindicaba la tradición nacionalista y la actuación paraguaya en la guerra de la Triple Alianza. Ambos partidos han seguido existiendo, con peripecias, hasta la actualidad.


El país estaba dividido en facciones, que provocaron una inestabilidad crónica, siendo muy raro que un presidente completara su mandato de 4 años. No obstante, Paraguay se benefició de las ventajas comerciales que supuso la Primera Guerra Mundial.  En 1924 se inició un periodo de estabilidad en que tres presidentes consecutivos completaron su mandato. Pero en 1933 se inició la Guerra del Chaco.

El Chaco Boreal era un extenso territorio semiárido habitado por algunas tribus indígenas. Ningún país tenía el control efectivo de todo el territorio, no estando fijados los límites fronterizos entre Paraguay y Bolivia.

Hasta que fue desplazado de la primera plana de los periódicos por el estallido en 1936 de la Guerra Civil española, el conflicto del Chaco llamó bastante la atención. Se habló de ricos yacimientos petrolíferos y de oscuros manejos de compañías rivales para asegurarse su control. Tales yacimientos nunca aparecieron.





Más correcto parece enfocarlo como el choque de dos frustraciones: la de Bolivia por el desastroso resultado de la guerra con Chile, y la de Paraguay por el desastre no menor de la guerra de la Triple Alianza; ambas naciones parecían querer quitarse simbólicamente la espina.

Los bolivianos iniciaron las operaciones seguros de su victoria, confiando en su superioridad numérica y en sus asesores militares alemanes, pero tropezaron con dificultades logísticas, con las dificultades de sus tropas, descendidas del altiplano, para adaptarse al clima y al terreno, y, sobre todo, con la feroz resistencia de los paraguayos.

Fue una guerra de operaciones y asedios, poco brillante, en la que la falta de agua era a menudo más temible que el enemigo y en la que el dominio de las escasas comunicaciones resultaba fundamental.

Como resultado del conflicto, Paraguay retomó extensos territorios, pero no todo el Chaco como pretendía. Los límites se fijaron en el Tratado de 21- julio-1938. La nación paraguaya puede considerarse triunfadora, pero el país quedó otra vez devastado humana y económicamente.

En la fase subsiguiente a la guerra, recomenzaron los enfrentamientos internos, logrando la victoria el partido Colorado, que llevaría al poder al entonces coronel Alfredo Stroessner. Entre 1947 y 1962, hubo un régimen de partido único, siendo legal solamente el Colorado.

El general Alfredo Stroessner tomó el poder en 1954. Fue reelegido presidente seis veces, gobernando con apoyo de los militares y del partido Colorado. Durante los 34 años de su gobierno, las libertades políticas fueron severamente limitadas y los opositores perseguidos en virtud de los principios de la seguridad nacional y del anticomunismo.

Hijo de un inmigrante bávaro llegado a Paraguay hacia 1895, era acusadamente germanófilo, lo que se observa fácilmente en muchos de los sellos emitidos durante el periodo. No es de extrañar que numerosos alemanes emigraran al país, unos con su nombre y otros con nombre supuesto por razones obvias.

El general siguió fielmente durante la guerra fría la política de EE.UU., colaborando con la CIA cuando fue menester. Al acabar dicha guerra fría, el gobierno Reagan le retiró su apoyo, por las mismas fechas en que también la Iglesia se distanciaba del régimen. 

Todavía en 1987, en unas elecciones denunciadas por la oposición como trucadas, obtuvo el 88,8% de votos.

El 3 de febrero de 1989, su hasta entonces colaborador el general Andrés Rodríguez organizó un golpe de estado, todo indica que con el respaldo de EE.UU., que llevó al derrocamiento de Stroessner y a su exilio a Brasil, donde murió en 2006 a los 93 años de edad.

En todo caso, ni sus más encarnizados enemigos pueden negar que el periodo fue muy positivo económicamente para el país. Paraguay se modernizó durante esta época con numerosas obras de infraestructura de tipo viario, educativo, sanitario y urbanístico, siendo la más conocida la construcción, en colaboración con Brasil, de la gigantesca presa de Itaipú.

El partido de Stoessner, el Colorado (Nacional Republicano) sobrevivió a su marcha y siguió protagonizando la vida política hasta 2008.

Se volvió a la antigua rutina: rivalidades personales, disensiones intestinas, asesinato de un vicepresidente, dimisión de un presidente, conato de golpe de estado, grave crisis financiera en 1995/98, sin faltar la cuota de muertos (siete manifestantes abatidos a tiros en el llamado ‘Marzo paraguayo’).

En 2008 tuvo lugar el triunfo de la ‘Alianza Patriótica para el Cambio’, liderada por Fernando Lugo.

Lugo, de familia humilde, ordenado sacerdote en 1977 y consagrado obispo de San Pedro, una de las diócesis más pobres, en 1994, era hombre preocupado por las cuestiones sociales. Pidió a la Santa Sede la reducción al estado laical para poder presentarse a las elecciones a la presidencia de la República, lo que le fue concedido por el Papa Benedicto XVI en junio de 2008.

Se presentó al frente de una coalición de partidos de oposición y movimientos sociales, ganando por un margen de 10 puntos porcentuales. Los ‘colorados’ habían perdido por primera vez en 61 años.

Como Presidente, dentro de los márgenes de una política económica más bien conservadora, y cuidando de diferenciarse de los regímenes llamados ‘populistas’, planteó una serie de reformas y cambios sociales bienintencionados y positivos, aunque en algunos puntos un poco utópicos para las posibilidades reales de la nación. En todo caso, no fueron del agrado de la clase política del país.

En mayo de 2012, tomando como pretexto unos enfrentamientos violentos entre campesinos ocupantes de tierras y la fuerza pública, la Cámara de Diputados acordó la destitución del Presidente por 39 votos a favor y 4 en contra. La forma de llevar el procedimiento fue arbitraria (se le concedieron 2 horas para preparar su defensa), el escándalo en toda Iberoamérica, mayúsculo, se habló de ‘golpe de estado virtual’, y Paraguay fue incluso suspendido como miembro de Mercosur. Asumió la presidencia el Vicepresidente, que convocó elecciones para 2013.

En estas elecciones, celebradas el 21 de abril, obtuvo el triunfo, para variar, el partido Colorado, en la persona del industrial Horacio Cartes, cuyo triunfo popular se debió en parte a su actividad como promotor de actividades deportivas, especialmente futbolísticas. Tomará posesión el 15 de agosto de 2013.

No es seguro que sea un final feliz: ya en el 2000 la DEA norteamericana lo señaló como cabecilla de una red de lavado de dinero, al parecer ligado al narcotráfico; en 2004 la Fiscalía General del Brasil inició una investigación sobre él por similares motivos; ha sido investigado igualmente por una Comisión parlamentaria brasileña, y en 2010 apareció en WikiLeaks como sospechoso de blanqueo de dinero. Sólo cabe terminar citando el conocido dicho castellano: ‘A quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga’.


La mayor parte del país oscila entre 100 y 500 m de elevación. Se distinguen dos grandes regiones. La oriental ocupa el 39% del territorio; se trata de rocas antiguas cristalinas que presentan un paisaje ondulado de colinas con lluvia abundante. La Occidental, o Chaco, con el 61% de la superficie total, es más joven, con suelos alcalinos, constituyendo una planicie aluvial semiárida a subhúmeda, poblada de matorrales extensos, esteros y lagunas.


Sus dos ríos principales, el Paraguay y el Paraná, que forman parte de la cuenca del Río de la Plata, lo comunican con el Océano Atlántico. El río Paraguay nace en la meseta brasileña del Matto Grosso y, tras un trayecto de 2.600 Km, desemboca en el Paraná a través de tres brazos. Además de los ríos, el país cuenta con gran cantidad de humedales y lagunas.

Predomina el clima subtropical, con variantes notables en cuanto a las precipitaciones. Posee una considerable biodiversidad, con elevada riqueza en fauna y flora.

Paraguay ha perdido en las últimas cinco décadas casi el 90% de la cobertura boscosa por la expansión de las actividades agropecuarias, favoreciendo el proceso el hecho de que sus normas medioambientales son menos estrictas que en Brasil; por ejemplo, en Paraguay se puede desmontar legalmente (dejando aparte abusos) el 50% del terreno; en Brasil, sólo el 20%.

Con pocos recursos naturales, la economía se basa en la agricultura, aunque se lucha por desarrollar los sectores secundario y terciario. El principal socio comercial es Brasil.

En los años 90 se dio un crecimiento lento pero sólido, mas hacia 2002 la economía tuvo serios problemas, en parte por la crisis financiera de la vecina Argentina; se negociaron con el FMI préstamos de emergencia (a condición de reformas económicas), y en los años recientes, el país ha disfrutado de tasas de crecimiento mucho más altas que el resto de Iberoamérica, a pesar de la depresión mundial.

Sin embargo, el crecimiento todavía no se traduce en mejoras sociales, debido a que la pobreza afecta a algo más del 34% de la población. La economía paraguaya sigue siendo la menor de América del Sur, excepto Surinam y Guayana, y su PIB/cápita el más bajo del subcontinente exceptuando a Bolivia.

El producto agrícola más importante es la soja y sus derivados (42% del total de exportaciones). La industria, aparte de la tradicional de transformación de productos agropecuarios, se ha expandido sobre todo en el sector farmacéutico.

No posee yacimientos de gas o petróleo, pero sí una enorme capacidad de producción de energía hidroeléctrica, importantísimo producto de exportación, gracias sobre todo a la presa de Itaipú, la 2ª en tamaño del mundo. Más del 92% del país tiene cobertura eléctrica.

El turismo no es demasiado importante hasta la fecha; buena parte del registrado en las estadísticas tiene su origen en los fronterizos argentinos que acuden a comprar a la ciudad paraguaya más próxima.

La comercialización de la agricultura, el aumento de población y las deforestaciones han elevado dramáticamente el número de familias campesinas sin tierras. Esto ha favorecido la emigración a zonas urbanas, con el consiguiente aumento de barrios de chabolas. El movimiento de campesinos sin tierras se ha vuelto políticamente activo en los últimos años.

Lo primero a señalar en cuanto a la población es que el mestizaje es intenso, lo que resulta lógico dado el aislamiento durante siglos, la escasez de mujeres blancas y la no abundante inmigración (de este punto hablaremos luego).

Consecuencia inmediata en la cultura es la persistencia del idioma guaraní junto al español. Éste se utiliza como lengua comercial y de educación, pero, según el Censo de 2002, el 73% de la población habla los dos idiomas oficiales, y sólo el 27% conoce únicamente una de las dos lenguas. El guaraní fue declarado lengua oficial en la Constitución de 1992.

De acuerdo con el mismo Censo, el 89,6% de los habitantes son católicos, y el 6,2% evangélicos, con predominio de las llamadas iglesias pentecostales. También existen memnonitas asentados en el Chaco.

La edad media de la población es 26,3 años, y el crecimiento (2013) 1,23%. La población urbana constituye el 61%, la tasa de fertilidad es de 2,01 hijos/mujer, y la esperanza de vida, 76,6 años. La alfabetización es alta: 94%.

Paraguay es un país de emigración; no ha atraído grandes cifras de inmigrantes por su agitada historia, que ya conocemos, y por la mayor capacidad de atracción de países vecinos. 

Después de la guerra de la Triple Alianza y por motivos obvios, se trató de fomentar la inmigración, pero sólo se recibió a algunos europeos y gentes del Oriente Próximo.

En el siglo XX siguieron llegando en número limitado personas del Líbano, Japón, Corea del Sur y China, así como memnonitas  de Canadá, Rusia y Méjico. Desde los 60 ha llegado una importante cantidad de brasileños, sobre todo para trabajar en la agricultura. Por su parte, los paraguayos continúan emigrando, principalmente a los países vecinos y a EE.UU.

Acabemos este resumen, que ya es hora, con una historia triste y una curiosidad.

Primero la historia triste. No todos los amerindios del Paraguay son guaraníes integrados. En el Chaco Boreal, en la zona fronteriza entre Paraguay y Bolivia viven los ayoreo (‘personas’), que hasta mediados del siglo XX deambulaban por un territorio de 300.000 Km2. De sus varios subgrupos, los más aislados son los totobiegosodo (‘gentes del lugar de los cerdos salvajes’), nómadas cazadores-recolectores que han sido en gran número expulsados del bosque desde 1969. Algunos siguen evitando sin embargo todo contacto con los blancos.

Se explica; su primer contacto duradero tuvo lugar durante los años 40 y 50, cuando los memnonitas establecieron colonias en sus tierras. Los ayoreo se resistieron y hubo muertos por ambos lados.

En 1979 y 1986 el grupo fundamentalista estadounidense ‘Misión Nuevas Tribus’ ayudó a organizar cacerías humanas en las que por la fuerza se los sacaba del bosque. Muchos ayoreo murieron, y otros sucumbieron más tarde a causa de enfermedades.

En general practican también la pesca y algo de agricultura. Sólo los totobiegosodo mantienen su forma de vida tradicional en el monte chaqueño, alejados de todas las otras comunidades.

Aparte de los hechos reseñados, en la actualidad la deforestación salvaje provocada por el ansia de tierra de los campesinos que carecen de ella y de los rancheros que sí tienen, pero quieren más, hace arriesgado contratar un seguro de vida a favor de estos pobres supervivientes de la Prehistoria.

Y ahora la curiosidad. Paraguay es uno de los tres países en el mundo que tienen una bandera con el anverso diferente al reverso. En un lado figura el escudo nacional ‘normal’; en el otro, el tradicionalmente llamado ‘Escudo de Hacienda’ (inquietante nombre). Los otros dos países son Moldavia y Arabia Saudita.