lunes, 20 de febrero de 2012

ASIA CENTRAL 1




Es una región de Asia que se extiende desde el Mar Caspio hasta las fronteras de China, y desde las de Rusia hasta Asia Meridional. Históricamente se ha caracterizado por sus pueblos nómadas y por la Ruta de la Seda, vía por donde se han movido personas, bienes e ideas entre Europa, Oriente Próximo, Asia Meridional y Asia Oriental.

Existen diferentes definiciones para precisar este ámbito geográfico, cuyo núcleo lo componen las cinco repúblicas ex – soviéticas de que trataremos en la segunda parte. Por lo demás, incluiremos también a Mongolia, pero no a Afganistán ni al Sinkiang, que, con toda la diversidad cultural que se quiera, forma parte del mundo chino.

La población originaria eran pueblos iranios, como los escitas y alanos; algunos de ellos, como los tadjikos, siguen presentes en la zona. Luego vino la expansión de los pueblos túrquicos, de forma que en ocasiones Asia Central es designada como Turquestán.

El límite meridional está señalado por una casi ininterrumpida línea de cadenas montañosas de unos 6.500 Km de longitud, que llega desde China al Mar Negro, dificultando el acceso hacia el interior desde Asia del Sudeste, el subcontinente indio y Oriente Próximo. Al Sur de esa línea se hallan las dos grandes mesetas del Tíbet y del Irán. Los límites oriental y occidental son más difíciles de determinar; en el Este se puede tomar como referencia la Gran Muralla China, mientras que en el Oeste las praderas de Ucrania constituyen una prolongación geográfica e histórica de la zona de estepas de Asia Central.

La aridez de la región dificulta la agricultura, y su distancia al mar la aísla en gran medida del comercio. Por ello, el área estuvo dominada durante milenios por pueblos nómadas, cuyo estilo de vida se adaptaba bien a la práctica de la guerra, aun con la limitación de la falta de unidad interna. Bajo grandes dirigentes, crecieron ejércitos casi imparables, como lo muestra la invasión de Europa por los hunos, los ataques Wu – Hu a China y, sobre todo, la conquista de buena parte de Eurasia por los mongoles en el siglo XIII.

El dominio de los nómadas terminó en el siglo XVI por las armas de fuego. Rusia y otras potencias se expandieron y llegaron a controlar la mayor parte de la zona en la segunda mitad del XIX.

La expansión rusa, que culminó en la ocupación del oasis de Merv en 1884, provocó la oposición de los británicos, obsesionados por parar lo que se obstinaban en ver como una amenaza a la India, la ‘Joya de la Corona’. Es lo que se popularizó como ‘el gran juego’, expresión creada por Rudyard Kipling, una verdadera guerra fría que, como ocurre con las guerras frías, no dejó de causar víctimas: en 1842, y de nuevo en 1881, las fuerzas británicas sufrieron sangrientos desastres al verse obligadas a retirarse de Afganistán, que habían pretendido ocupar.

Tras la Revolución bolchevique, la mayoría de las regiones fueron incorporadas a la URSS. Fueron hasta cierto punto industrializadas y dotadas de infraestructuras, pero hubieron de sufrir las mieles y delicias del sistema soviético, largas de enumerar; sólo resaltaremos aquí que se trató de suprimir las culturas locales y que se produjeron cientos de miles de muertos en programas fallidos de colectivización.


TUVÁ


Empezaremos, a modo de aperitivo, con una curiosidad más filatélica que política.

Tuvá era una región en el extremo sur de Siberia, lindando con Mongolia, que se hallaba bajo protectorado de la Rusia Imperial. Durante la Guerra Civil, las tropas bolcheviques la tomaron en enero de 1920, y el 14 de agosto de 1921 (naturalmente con la bendición de Moscú), se creó la República Popular de Tuvá, llamada Tannu Tuvá hasta 1926. Tenía 170.500 Km2 y una población estimada en 1944 de 95.400 habitantes. Ningún estado, salvo la URSS, la reconoció jamás.

El primer ministro, Donduk Kuular, no tuvo mejor idea que declarar al budismo religión oficial y estrechar por su cuenta lazos con Mongolia. La respuesta de Stalin fue clara: Kuular fue ejecutado, un tercio de los miembros del Partido purgados, la religión (tanto budismo como chamanismo) perseguida y la colectivización impuesta a una población tradicionalmente nómada.

En 1944 se acabó la broma de la independencia. Tuvá, sin más, fue incluida en la URSS. Hoy forma parte de la Federación Rusa.

Emitió sellos, muy populares a mediados del siglo XX entre los coleccionistas. Entre 1926 y 1933, hay 38 catalogados, lo que es normal dentro de la anormalidad de principio.

Luego, entre 1934 y 1936, aparecieron unos 100, con imágenes un tanto surrealistas de la vida en el país, como un camello corriendo en paralelo con una locomotora, artefacto éste que jamás existió en Tuvá. Estamos ante el nacimiento de los ‘sellos-basura’, tan abundantes en décadas posteriores y hoy mismo. Fue idea de un promotor llamado Bela Sekula, que en 1934 convenció a las autoridades de Tuvá y de la URSS para fabricar sellos diseñados, impresos y franqueados en Moscú, con objeto de ser vendidos a filatelias extranjeras por una empresa estatal soviética. Algunos catálogos no los incluyen.

De los dos sellos presentados aquí, el primero es de 1926, es decir, ’de verdad’; el segundo, de 1934, pertenece a los moscovitas. Ni que decir tiene que los que actualmente aparecen, sobrecargados como ‘TUVA’, son falsos de toda falsedad, como los similares de otras regiones rusas.


MONGOLIA Asia Central


Capital: Ulan Bator
Forma de gobierno: República semipresidencialista
Independencia (de China): 11 de junio de 1921
Superficie: 1.564.116 Km2 (19º)
Población: 2.951.786 hab (139º) Densidad: 1,73 hab/Km2
PIB/cápita: 3.541 $ (132º)

Mongolia es un país interior con una superficie triple que la de España. La región central está constituida por estepas relativamente planas; al sur se halla el desierto de Gobi, mientras que el norte y el oeste tienen carácter montañoso.

Su población es mucho menor que la población mongola de China, y es el país con menor densidad de todo el mundo. Se trata de una población étnicamente compacta, pues la única minoría digna de mención es el 5% de kazajos, musulmanes sunnitas, que viven en el oeste. Un tercio de los habitantes viven en la capital, mientras que, hasta el momento, un 40% de la mano de obra pastorea ganado en tierras de pasto extensivo. Sin embargo, el modo de vida nómada, tradicional durante siglos, está siendo presionado por el cambio climático y la urbanización.


El clima es continental, de escasas precipitaciones y muy extremado en cuanto a temperaturas (las mínimas absolutas pueden llegar a -45ºC). En los últimos años, las sequías y los inviernos fríos y nivosos han diezmado el ganado, destruyendo los medios de vida de miles de familias.

Hoy, Marx y Lenin han sido sustituidos como imágenes ubicuas por la de Gengis Jan, al que se invoca por todas partes como ídolo nacional. Gengis Jan, originariamente un jefe tribal, logró a los 25 años unificar a todos los mongoles. A partir de 1206, él y sus sucesores conquistaron gran parte de Asia y de la Rusia europea, enviando ejércitos a sitios tan lejanos como Europa Central o el Sudeste asiático. Su nieto Kublai Jan conquistó China y estableció en ella la dinastía Yuan (1279 – 1368), obteniendo gran fama en Europa por la obra del viajero Marco Polo.

La fuerza de los mongoles declinó rápidamente después de que su dinastía fuera derrocada en China. Los manchúes, grupo tribal que se apoderó del Celeste Imperio en 1644, formando la dinastía Qin, administraron Mongolia desde 1691, diferenciando la Mongolia Exterior (el actual estado) y la Interior, actualmente integrada en China.

Al caer el Imperio Chino en 1911, la Mongolia Exterior se independiza. Aunque las tropas chinas vuelven a ocuparla en 1919, en 1921 consigue definitivamente la independencia con ayuda de Rusia, y en 1924 se proclama la ‘República Popular de Mongolia’. Años más tarde, Stalin conseguirá de Mao que la nueva República Popular de China reconozca igualmente al estado mongol.

Mongolia fue siempre un claro satélite de la URSS. Cuando, después de la muerte de Stalin, se produzca la ruptura chinosoviética, se alineará sin dudas en el bando soviético, y albergará numerosas bases militares durante la Guerra Fría. Ingresó en la ONU en 1961.


Abandonó el sistema en 1990, iniciando reformas políticas y económicas. En 1992, una nueva Constitución estableció la democracia y la privatización, pero el colapso de la economía al desaparecer el anterior sistema, extendió la pobreza y el desempleo.

La Constitución establece un cuidadoso contrapeso de poderes. El Presidente debe haber nacido en el país y tener más de 45 años; es elegido por 4 años, pero entre candidatos propuestos por la Asamblea; tiene derecho de veto, que puede ser dejado sin efecto por mayoría de 2/3. Es la Asamblea quien elige al Primer Ministro y a su Gabinete. El antiguo Partido Comunista se ha transmutado en Socialdemócrata. Gobierna él, o bien el Partido Democrático en la oposición, o bien ambos forman una coalición.

Mongolia mantiene buenas relaciones diplomáticas con estados sumamente diversos políticamente. El ejército mongol, de sólo 8.600 hombres, ha enviado pequeños contingentes a numerosas misiones internacionales. En cualquier caso, las principales relaciones comerciales las tiene con Rusia y China; ésta última es el mayor mercado para las exportaciones mongolas, y Pekín permanece alerta a la explotación de recursos minerales y energéticos.

Pese a la generosa financiación del FMI y a subvenciones de diversos países, el progreso económico ha sido lento hasta ahora, y la corrupción ha entorpecido el desarrollo. La demanda china de minerales ha ocasionado un fuerte crecimiento de la minería, pero muchos mongoles viven en la pobreza.

Sin embargo, todo esto puede cambiar: Mongolia descansa sobre grandes cantidades de riqueza mineral aún no explotada, y se espera que la inversión extranjera en numerosas y gigantescas empresas mineras transforme su débil economía en los próximos años. Según algunos analistas, podría convertirse en una de las economías de más rápido crecimiento del mundo.

Con los recientes descubrimientos de cobre, oro y carbón, la época del aislamiento parece acabarse. A la zona del desierto de Gobi han acudido un montón de geólogos, ingenieros de minas, inversores y especuladores en busca de la riqueza mineral escondida bajo la desolada superficie. Hasta fecha reciente, la explotación minera se basaba en la extracción artesanal del oro, pequeñas empresas mixtas con China y una mina de cobre de 50 años de antigüedad construida por los soviéticos.

Pero ahora el yacimiento de Oyu Tolgsi puede llegar a ser una de las tres principales minas de cobre del mundo, que podría dar lugar hasta 1/3 del PIB. Parece aún más prometedor el yacimiento carbonífero de alta calidad de Taran Tolgoi, con 6 billones de Tm de reservas, no lejos de la mayor acería del mundo, situada precisamente al otro lado de la frontera china.

Pese a ello, el gobierno planea construir un enlace ferroviario con el Transiberiano, con lo que el carbón mongol tendría también acceso a Japón, Corea y Taiwan. Asimismo se han planificado centrales energéticas y refinerías, así como una adecuada estructura bancaria, de transportes (muy atrasados en el país) y servicios.

El problema es la financiación. El gobierno afirma pretender el fomento de las inversiones, la reducción de la burocracia y el aumento de la transparencia. Varias de las mayores compañías mineras del mundo están ya cortejando al gobierno mongol para conseguir una participación en la empresa estatal ETT, que es la que concede las licencias. Incluso está en estudio poner a la venta participaciones de dicha ETT, ofreciendo a cada ciudadano preferencia para obtener un paquete.

Algunos optimistas sueñan con la elevación del nivel de vida que una medida como ésa podría suponer, pero no hay que olvidar que un plan similar en Rusia supuso en su día la acumulación de las participaciones, previa compra a los poseedores originales, en manos de una minoría de plutócratas más o menos mafiosos. El problema lo ha resumido muy bien un hombre de negocios mongol, radicado en EE.UU. y que ha vuelto a su país: ‘La cuestión es saber si acabaremos como Noruega o como Nigeria’.

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