lunes, 5 de noviembre de 2012

EL CUERNO DE ÁFRICA (I)



EL CUERNO DE ÁFRICA


Es la región de África Oriental donde se une el Mar Rojo con el Océano Índico, al Sur de la Península Arábiga. Se trata de una de las zonas más pobres del mundo, donde el hambre es una amenaza constante.

Está formada por los países de Eritrea, Etiopía, Djibuti y Somalia. Región de gran inestabilidad política, económica y social, con continuas guerras. Reviste particular interés para las potencias europeas y EE.UU. por su localización estratégica, ruta obligada de barcos petroleros y de mercancías.

Las llanuras de Somalia y Djibuti padecen una aridez extrema y sequías frecuentes, pese a hallarse la región relativamente cerca del Ecuador. Ello se debe a que los monzones tropicales que aportan lluvias estacionales, soplan desde el Oeste, de manera que cuando llegan a Djibuti o Somalia ya han perdido la mayor parte de su humedad. En cambio, el Oeste y centro de Etiopía, así como el extremo meridional  de Eritrea, se hallan más expuestos a los mencionados vientos y reciben una mayor cantidad de lluvia.

El Cuerno de África cubre unos 2 millones de Km2 y está habitado por más de 100 millones de personas. Dada su ubicación con respecto a la falla del Gran Rift, la acción de las placas geológicas hará que un día se separe del continente africano, como antaño ocurrió con Madagascar. 

La pequeña isla de Socotora, en el Océano Índico, forma parte de la región desde el punto de vista geológico, pero políticamente pertenece al Yemen.

Por otra parte, el Cuerno de África ha sido desde 2002 foco importante de atención para EE.UU. y diversos países europeos y africanos en la llamada Guerra contra el Terrorismo, debido a la fuerte implantación de grupos islámicos terroristas en diferentes partes de la región.


ERITREA


Capital: Asmara
Forma de gobierno: República unipartidista
Fecha de independencia (de Etiopía): 24 de mayo de 1993
Superficie: 121.320 Km2 (98º)
Población: 4.669.638 hab (114º)   Densidad: 37 hab/Km2
PIB/cápita: 700 $ (222º)
Miembro de: UA

Eritrea  limita al N y O con Sudán; al S con Etiopía y Djibuti, poseyendo una extensa costa en el Mar Rojo.

Italia comenzó la colonización del territorio en 1870, con la adquisición del puerto de Assab por una Compañía italiana a un sultán local, lo que daría lugar a una colonia en 1890, la cual se mantendría hasta la Segunda Guerra Mundial con las mismas fronteras que tiene Eritrea actualmente. 

Los italianos se preocuparon mucho por su desarrollo, desde la agricultura hasta las industrias básicas, pasando por la infraestructura. La capital, Asmara, fue teatro de un desarrollo arquitectónico (principalmente Art-Déco) todavía hoy objeto de admiración. En 1940 había en Eritrea cerca de 100.000 colonos italianos. Los primeros sellos de la Eritrea italiana datan de 1893.


En 1941 fue conquistada por los ingleses, y pasó a formar parte de la administración colonial británica. 



Se emitieron sellos para el periodo de Administración Militar primero (B.M.A.) y para el de Administración Civil más tarde (B.A.).


En 1952 se federó con Etiopía bajo los auspicios de la ONU, hasta que en 1962 la federación se disolvió al ser relegada a una simple provincia. Este hecho dio lugar a una lucha por la independencia de 30 años, que terminó en 1991 cuando los rebeldes eritreos derrotaron a las fuerzas gubernamentales etíopes. 


La independencia fue abrumadoramente apoyada por referéndum en 1993.


Después, en 1998, estalló otra guerra por la delimitación de fronteras que duró dos años y medio, terminando (por el momento) con el envío de una misión de paz de la ONU. Sin embargo, hasta la fecha ambos países no han llegado a un acuerdo sobre las zonas disputadas, lo que se presta a nuevos conflictos en el futuro.

Una Asamblea, enteramente compuesta por miembros del PFDJ (Frente Popular para la Democracia y la Justicia), gobierna con carácter teóricamente provisional, pero en realidad permanente desde la independencia, ya que las elecciones han venido siendo pospuestas indefinidamente. En realidad se trata, pues, de un sistema de partido único, cuyo hombre fuerte (Jefe del Estado y también del Gobierno) sigue siendo desde 1993 Isaías Afworki. El respeto por los derechos humanos brilla por su ausencia.

No cabe olvidar que en 2009 la ONU impuso sanciones a Eritrea acusándola de respaldar  a los insurgentes islamistas de Somalia. De la misma forma, los EE.UU. la vigilan estrechamente, ante los temores de su apoyo a Al-Shabab, reconocida como rama de Al-Qaeda en territorio somalí.

El 6 de octubre de 2012, dos capitanes de la Fuerza Aérea, que se suponía pertenecían al círculo de confianza del dictador, despegaron con el jet presidencial (único existente) y pidieron asilo en Arabia Saudí; con ocasión de ello se han puesto de manifiesto los repetidos casos en que deportistas eritreos en certámenes internacionales desertaban  y pedían asilo político. El último ha sido el seleccionado para llevar la enseña nacional en la apertura de los Juegos Olímpicos de Londres.


En el N de Eritrea se encuentra una prolongación del macizo etiópico con alturas que alcanzan los 2.600 m, y grandes precipitaciones tropicales. La franja litoral cuenta con más de 1.000 Km de costa, aunque se adentra muy poco en el continente. Esta región es calurosa y seca, con máximos estivales de 50ºC; sólo las zonas más altas del Sur son más frescas que el resto de esta región. Los biomas predominantes  son la sabana en el interior y el desierto en la costa.

En lo referente a la economía, Eritrea se enfrenta con los problemas de un país pequeño y desoladoramente pobre, sujeto además a una política económica cada vez más restrictiva y estatalizadora.

Casi el 80% de la población vive de la agricultura de subsistencia. La posesión y uso de divisas se halla rigurosamente controlada y quedan pocas empresas privadas, dependiendo en buena parte los ingresos del país de las remesas de la diáspora. La pluviosidad errática y la movilización de agricultores  hacen  que las cosechas sean insuficientes para las necesidades del país.

El gobierno continúa confiando en diversos proyectos de desarrollo de la minería, pero existe la hipoteca del alto analfabetismo y de la falta de mano de obra debidamente cualificada, no menos que de la ausencia de una voluntad real por parte del gobierno de sacar adelante una economía de mercado.


Cerca de medio millón de los habitantes vive en la capital. Existen hasta 9 etnias.
Tigriña, árabe e inglés se consideran lenguas oficiales. Las lenguas habladas en Eritrea pertenecen, bien al grupo cusita, bien al semita, bien al nilo-sahariano.

Hay dos religiones predominantes, el Islam (sunnita) y el cristianismo, con predominio de la religión copta. El régimen ha reconocido a estas dos y también a la Iglesia Católica y a la Evangélica Luterana; con respecto a las demás, presenta un talante muy restrictivo.

La tasa de fecundidad es de 4,37 hijos/mujer. En 2002, sólo el 28% de los partos fueron atendidos por personal sanitario con la cualificación adecuada. El riesgo de enfermedades infecciosas es alto; el gasto per cápita en salud, bajo.

La esperanza de vida es de 62,86 años; el índice de alfabetización, 67,8%.


ETIOPÍA


Capital: Addis Abeba
Forma de gobierno: República federal democrática
Superficie: 1.127.127 Km2 (16º)
Población: 84.320.987 hab (16º)   Densidad: 60 hab/Km2
PIB/cápita: 1.100 $ (212º)
Miembro de: UA

Etiopía, oficialmente ‘República Democrática Federal de Etiopía’, antaño designada como Abisinia, es el tercer país más poblado de África después de Nigeria y Egipto. Su tamaño viene a ser similar al de Bolivia, y su capital, Addis Abeba, que tenía 2.300.000 habitantes en 1994, contaba ya en 2008 con 3.941.452.

Nunca ha sido colonizada, manteniendo su independencia excepto en el periodo 1936-1941, del que ya se hablará. Es también la segunda nación más antigua del mundo, después de Armenia, en aceptar el cristianismo como religión oficial.

Los orígenes hay que buscarlos en el reino de Axum, que ya existía en el siglo II a.C., y que decaería frente a los árabes en el VI, para recuperarse en el XV. Antes, en 1270, se había iniciado la dinastía llamada salomónica, por pretender descender nada menos que de Salomón y la Reina de Saba.

En 1872 encontramos ya el título de ‘Negus’, equivalente a rey. En 1896, en tiempos de Menelik II, tiene lugar un conflicto con el Reino de Italia. Esta nación, recién unificada y dueña ya de Eritrea, está deseosa de construir, a imitación de otras, un Imperio Colonial, e invade Abisinia. La inadecuada estrategia del general Baratieri dará lugar a la estrepitosa derrota de Adua, acabando aquí el intento. 

Se firmó la paz, pero el desastre de Adua permanecerá como una espina clavada en el corazón de los italianos, lo que tendrá consecuencias más tarde.

Es  bajo el reinado de Menelik II, en 1894, cuando Abisinia (o Etiopía) tiene sus sellos más antiguos.

En 1931 sube al trono, tras una larga y complicada historia de intrigas familiares, que pasaremos por alto, Haile Selassie, que se titula ‘Negus Negesti’, rey de reyes, o sea, más o menos, emperador.

Desde 1918 Abisinia formaba parte de la Sociedad de Naciones, aunque había olvidado el detalle de abolir la esclavitud, que perdurará durante decenios, y de dar libertad a los campesinos. En los años 30, el Negus hizo un largo viaje, que hoy llamaríamos de promoción, por numerosas capitales europeas, acompañado de una manada de leones que iba repartiendo, divididos en hatos, entre familias reales y parques zoológicos. 

En su séquito figuraba siempre un edecán especializado en determinar, a golpe de vista, cuál era el cojín adecuado (entre los previstos al efecto) para colocar ante el asiento destinado al soberano, de forma que sus piernas no quedaran bailando en el aire, pues era (el soberano, queremos decir) de estatura tan exigua como la de su futuro rival Víctor Manuel III de Italia. Estos y otros detalles atrajeron la atención sorprendida de los periodistas y le dieron notable popularidad.

Era un régimen extravagante, de complicado y exótico protocolo, en absoluto carente de bienes materiales y, por supuesto, absolutista. Inmediatamente hay que precisar que ese absolutismo era relativo, pues se trataba de un estado medieval en el cual el poder del Negus quedaba mediatizado por los ‘ras’ (príncipes), es decir, por la poderosa nobleza y por la no menos poderosa Iglesia Etíope, de doctrina monofisita, dependiente teóricamente, hasta hace pocos años, del Patriarca copto de Egipto.

Fue un tal estado el que Mussolini se propuso incorporar al África Oriental Italiana. En ello intervenía por supuesto su obsesión por crear un imperio italiano, pero también el recuerdo, que compartía con sus compatriotas, del fracaso de Adua. El Rey, por supuesto, no puso ninguna objeción (no se la puso nunca, ni siquiera cinco minutos antes de mandarlo arrestar en 1943).

Teniendo en cuenta las diferencias de material y modernidad, no puede decirse que fuera una campaña gloriosa. Comenzó el 3 de octubre de 1935, y se entró en Addis Abeba el 5 de mayo de 1936. Demasiado tiempo, aun teniendo en cuenta lo difícil del terreno. Las instrucciones tácticas, al comienzo de la lucha, del Negus, hay que leerlas para creerlas, pero, por el otro lado, Graziani y Badoglio no resultaron ser émulos de César precisamente.

Haile Selassie huyó al exilio, bajo patronazgo inglés, y compareció ante la Asamblea de la Sociedad de Naciones invocando los más elevados principios y haciendo las más terribles denuncias sobre el comportamiento del ejército italiano. 

Se votaron sanciones, pero no fueron demasiado gravosas y no sirvieron de nada. Francia miró hacia otro lado, y EE.UU. continuaron suministrando a Italia petróleo, y éste fue el punto fundamental. 

La excepción fue Gran Bretaña, a quien toda sanción parecía escasa, lo que no deja de resultar bastante cínico, teniendo en cuenta las tropelías que acompañaron la formación del imperio Británico. El ministro de AA.EE., Eden (el mismo que en 1956 se permitiría invadir Egipto), pareció tomar la cuestión casi como si fuera personal.

En resumen, Víctor Manuel III se convirtió en Rey-Emperador, igual que, años antes, Victoria se había convertido en Reina-Emperatriz en otra parte del mundo. Lo que todo estudioso mínimamente objetivo señala es que el día de la anexión de Abisinia fue día de alegría para el pueblo italiano, y marcó el punto de máxima popularidad para el régimen fascista.

Fue entonces cuando Addis Abeba se convirtió en capital, mientras que la anterior y tradicional había sido Gondar.

La Abisinia italiana no duró mucho. Algunos millares de italianos se establecieron allí, siendo de destacar gran cantidad de transportistas, que, a bordo de sus propios camiones y corriendo casi por aquellas rutas más riesgo que los propios soldados, constituyeron un elemento logístico de primera importancia; muchos se quedaron a vivir en el país, mientras el gobierno iniciaba las bases de infraestructuras viarias.

Comenzada la Guerra Mundial, Gran Bretaña reocupó el territorio en 1941, y reinstaló al Negus, que estaba ya en Inglaterra.

Haile Selassie permanecerá en el poder hasta 1974. En 1942 abolió por fin la esclavitud e impuso severas sanciones para el comercio de esclavos. Etiopía pasó a ser miembro fundador de la ONU, y en 1948 se le adjudicó la región de Ogaden, fuente interminable de conflictos con las etnias somalíes, así como Eritrea, en forma de Federación, lo cual ya sabemos cómo acabó.

Intentó reformas modernizadoras (por ejemplo, fiscales), pero fracasaron por la cerrada oposición de la nobleza, y la presión fiscal continuó recayendo sobre los campesinos. Logró introducir impuestos en las tierras de la Iglesia, y restringir privilegios del clero, como el de fuero propio incluso para casos civiles.

En 1955 concedió una especie de Carta Otorgada, que mantenía su poder efectivo, aunque establecía una Cámara electiva, sin participación de partidos. Se renovaron los métodos de enseñanza, y el país se embarcó en una política de modernización, aunque siempre en el marco de la monarquía tradicional, lo que suponía también el atrincheramiento defensivo de la nobleza.

Ya en 1960 hubo un intento de golpe para sustituirlo por su hijo mayor. La tentativa fracasó, pero marcó un hito, a partir del cual se cuestionó el carácter absoluto del soberano, y los estudiantes comenzaron a solidarizarse con los campesinos y con los pobres, echando raíces el marxismo.

El Negus siguió siendo fiel aliado de Occidente, sin perjuicio de llevar a cabo una firme política a favor  de la descolonización de África. En 1963, tuvo un papel crucial en la creación de la Organización para la Unidad Africana, de la que fue el primer presidente.

La hambruna devastadora de 1973 (entre 40.000 y 80.000 muertos, según las fuentes más fiables) se combinó con los altos precios del petróleo, a consecuencia de la crisis de 1973, por lo cual los costos de los productos importados, la gasolina y los alimentos se pusieron por las nubes, mientras que el desempleo se disparó. Entonces estalló la revolución.

En 1974, una Junta Militar, el Derg, depone al soberano (más tarde declarará abolida la monarquía salomónica), y crea un régimen marxista, muy vinculado al bloque comunista, que tendrá como cabeza, tras una gradual y despiadada eliminación de rivales, a Mengistu Haile Mariam. Por supuesto, la economía es socializada.

El Negus quedó aprisionado en el Gran Palacio; su familia, encarcelada sin más. Sesenta ex altos funcionarios fueron ejecutados sin juicio, incluyendo un nieto de Haile Selassie y dos ex primer ministros.

El 28 de agosto de 1975, el antiguo soberano murió en circunstancias sumamente sospechosas. Sus  restos, enterrados bajo una losa de hormigón en los jardines del palacio, tardaron un año en ser encontrados. Sólo en el 2000 se le hizo un funeral público, pero el gobierno post-comunista se negó a observar las formas de un funeral imperial.

En el bienio 1984/1985, el país es golpeado por una hambruna aún mayor. Se habla incluso de 8 millones de víctimas. Contribuyeron a ella los numerosos frentes abiertos contra guerrillas internas, entre ellas las independentistas de Eritrea y la de las etnias somalíes del Ogaden, así como la destrucción de masa forestal propiciada por la dictadura en sus políticas de industrialización.

Agotado por las revueltas, la sequía en gran escala y la retirada de los protectores soviéticos (estamos ya en los tiempos de la Perestroika), el sanguinario régimen es finalmente derrocado por una coalición de fuerzas rebeldes, el FRPDE, en 1991.

Se abre entonces un periodo de reformas políticas y sociales tendentes a desmontar la dictadura de corte marxista. En 1994 es elegida una Asamblea Constituyente, y en 1995 tendrán lugar las primeras elecciones. El FRPDE (Frente Democrático y Revolucionario) consigue una victoria clamorosa, e inicia una política de promoción del federalismo étnico.

Sigue en el poder, aunque el ambiente se ha enrarecido. En las últimas elecciones consiguió sólo el 59,8% de los votos, recogidos sobre todo en el campo más que en la capital. En Addis Abeba ha habido alteraciones del orden con decenas de muertos, y se acusa al gobierno de perseguir a líderes de la oposición.

Entre tanto, grupos secesionistas somalíes siguen manteniendo en el Ogaden una lucha armada de baja intensidad. Las relaciones, tanto con Eritrea como con Sudán, son tensas. Por el contrario, se halla en buenos términos con la UE y EE.UU., de quienes recibe sustancial apoyo económico, así como del Banco Mundial.

A petición de EE.UU. (que han proporcionado apoyo aéreo), ha enviado en 2007 entre 5.000 y 10.000 soldados a combatir contra los ‘Tribunales Islámicos’, que controlan el Sur de Somalia, si bien la intervención no parece haber tenido demasiado éxito. Las tropas se retiraron a comienzos del 2009.

Geográficamente Etiopía cuenta en el interior con un vasto complejo de montañas y altiplanos divididos por el Rift Valley, que atraviesa el país de SO a NE. Se hallan rodeados de tierras más bajas, donde predominan las estepas y semidesiertos. Tal diversidad repercute en la variedad de climas, en la vegetación natural y en el reparto de la población.

Se puede caracterizar un clima ‘alpino’ en las zonas altas, otro húmedo en el centro y en las áreas del NE próximas a Eritrea, a las que llega la influencia de los monzones, permitiendo los cultivos de tabaco y cereales, y otro semidesértico en el resto, especialmente en la zona fronteriza con Somalia.

La economía se halla en condiciones gravísimas; las guerras y las sequías han hecho de Etiopía uno de los países más pobres del mundo, en el que cerca del 40% de la población vive con menos de 1,25 $ al día.

La agricultura sigue empleando métodos tradicionales; en las tierras altas se cultiva café para la exportación, cereales y productos hortícolas; en las zonas más húmedas, algodón y tabaco. Está bastante extendida la ganadería, pero los recursos forestales son pobres.

En el subsuelo existen yacimientos de platino y oro, pendientes de explotación; los de petróleo son escasos y absolutamente insuficientes para las necesidades de la nación. La industria se limita a la producción de cemento, textiles y productos agroalimentarios. Con tales datos se puede suponer que la balanza comercial tiene un fuerte déficit.

Es interesante señalar que en 2004 el Gobierno inició un plan para trasladar más de 2 millones de personas fuera de las tierras áridas del E, en búsqueda de una solución duradera a la escasez de alimentos.

Hasta hace poco, Etiopía padecía de un sistema viario bastante débil, en buena parte basado en las carreteras construidas por los italianos. En los últimos años se ha producido una notable mejora, con construcción de numerosas vías, sobre todo en las proximidades de Addis Abeba y otras ciudades importantes.

La única línea ferroviaria fue construida por los franceses en 1917 entre la capital y Djibuti, constituyendo la puerta de salida de Etiopía al mar.

El aeropuerto de la capital, una vez remodelado, puede considerarse muy bueno para standards africanos, y la Compañía de bandera goza de excelente reputación. Etiopía cuenta con un discreto sistema de enlaces aéreos internos, incluyendo con Lalibela, centro de peregrinación desde el siglo XII, y actualmente también de turismo, el cual tiende igualmente a aumentar en los numerosos parques nacionales del país.

La población rural, ligada en su mayoría a la agricultura de subsistencia, es numerosísima: 84% en 2005. Las zonas de mayor densidad se hallan en la región central.

La composición étnica está muy diversificada por la mezcolanza racial y lingüística habida desde tiempos antiguos. Predominan los amhara (o abisinios), 38%, en el altiplano y al N de Addis Abeba; los galla (35%) en la parte meridional. Sigue existiendo, desde 1941, una pequeña comunidad de italianos.

Son lenguas oficiales el amhárico y el tigrino; las extranjeras más conocidas son el inglés (difundido entre los jóvenes) y el italiano (sobre todo en la capital y al N de la misma).

En cuanto a la religión, y según el censo de 1994, los ortodoxos monofisitas (coptos para entendernos) constituyen el 50,6%; los católicos, el 0,9%; los protestantes, el 10,1%. El total de cristianos suma pues el 61,6%. Los musulmanes son un 32,8% (habitando principalmente las áreas próximas a Somalia. Hay un 5,6% de animistas y grupos de rastafarianos, que veneran a Haile Selassie como un Profeta negro enviado por Dios (de todas maneras, esta peculiar religión nació en Jamaica, y es allí donde se halla la mayor parte de los adeptos). 

Prácticamente todos los hebreos han sido aerotransportados a Israel.
Para terminar, un dato curioso: los etíopes no tienen apellido; cada uno lleva su propio nombre seguido del nombre de su padre. Por lo demás, en Eritrea ocurre lo mismo. 



ORIENTE MEDIO

Se clasifican a menudo bajo el nombre de ‘Oriente Medio’ a los sellos procedentes de las administraciones postales establecidas por el Reino Unido para las fuerzas combatientes en determinadas zonas, preferentemente africanas, durante la Segunda Guerra Mundial.

Se trata en todo caso de sellos británicos con la sobrecarga ‘M.E.F.’, iniciales de ‘Middle East Forces’, denominación discutible, pues la correcta sería ‘Oriente Próximo’, y no ‘Oriente Medio’ a no ser que se piense que el Oriente empieza en Calais.

Se utilizan, a partir de 1942, en Eritrea, Etiopía, Somalia y Cirenaica, así como en el Dodecaneso y otros puntos del mar Egeo. En 1950, el gobierno británico estableció que los remanentes serían  válidos para el franqueo en todo el Reino Unido.

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