domingo, 21 de agosto de 2011

ARGENTINA 2



Según la Constitución argentina, el poder ejecutivo es desempeñado por el Presidente, elegido por sufragio directo. Su mandato dura cuatro años y puede ser reelegido una sola vez.

El poder legislativo está integrado por dos Cámaras: la Cámara de Diputados reúne a los representantes directos de la población. El Senado, a los representantes de las 23 provincias y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Las provincias, de acuerdo con el sistema federal vigente, son autónomas y mantienen todo el poder no encomendado explícitamente al Gobierno Federal. En todas ellas, el poder ejecutivo está a cargo de un Gobernador cuyo mandato dura cuatro años.

Se pueden distinguir en el país tres grandes zonas geográficas:

Zona central y norte, de llanuras.
Zona sur, de mesetas.
Zona oeste, montañosa (cordillera de los Andes, con el Aconcagua, de 6959 metros de altura).

En cuanto a la reivindicación sobre las islas situadas en el llamado Mar Argentino y sobre un sector de la Antártida, véanse las correspondientes páginas del blog.

Dentro de la hidrografía, es preciso destacar la cuenca del Plata, que culmina en el estuario del Río de la Plata, y es desaguada por el río Paraná (el de mayor caudal del país), Uruguay y diversos afluentes.

Dadas sus características geográficas, la variedad climática es notable. Predomina el clima templado, que cambia al subtropical en el Norte y al subpolar en el extremo Sur.

La producción de alimentos provenientes del ganado vacuno, componente básico de la dieta de la población, es de carácter fundamental. El principal producto agrícola es la soja, seguida por el maíz y el trigo. La soja se exporta casi en su totalidad, mientras que los cereales, lácteos y carne vacuna se dedican preferentemente al mercado interno. Entre los diversos cultivos de carácter regional, se puede mencionar en el Oeste el vino, siendo Argentina el 5º productor mundial.

Es considerable la riqueza en petróleo y gas, con reservas importantes, pero sólo un 4,6% se exporta en bruto, sin proceso de industrialización.


En definitiva, la producción petroquímica, la cadena de la soja, los cereales y la industria metal-mecánica (vehículos) constituyen las bases de la economía nacional. Se potencia el desarrollo de la minería, destacando el cobre (3% de las exportaciones).

En lo referente a las fuentes de energía, la predominante es la térmica, seguida a distancia por la hidroeléctrica. La nuclear contribuye con un 6,8%.

La pesca, pese a sus grandes potencialidades, tiene un carácter marginal, mientras tiende a expandirse la producción forestal y maderera.

El sector industrial manufacturero aporta el 17,5 del PIB. La construcción, el 6,7%, habiendo sido la principal impulsora de la recuperación del empleo después de 2002.

El turismo se halla en crecimiento (más de 4.600.000 turistas extranjeros en 2007). Es el segundo país más visitado de América del Sur (después de Brasil) y el quinto del continente americano.

En cuanto a la población, destaca la enorme influencia de su capital, con un área metropolitana de casi 13 millones de habitantes, concentrando el 31% de los habitantes y el 4% del PIB en un 0,14% del territorio. En general, tiene carácter urbano el 92% de la población total del país.

Argentina registró a comienzos del siglo XX altas tasas de crecimiento demográfico, tanto vegetativo como debido a la fuerte inmigración. Cesada ésta, el crecimiento actual es del 0,997% anual. 

Es el país más envejecido de la región, después de Uruguay y Cuba. La tasa de fertilidad es 2,27 hijos/mujer.

La inmigración alcanzó un pico entre 1870 y 1930, con importantes aportaciones extranjeras, principalmente paraguayos, bolivianos, italianos y españoles. En cambio, a partir de la década de 1960  comienzan a registrarse considerables corrientes emigratorias, con España, Italia, EE.UU. y Méjico como principales destinos. El saldo migratorio negativo continuó durante el quinquenio 2000-2005.

Alrededor del 97% de la población desciende de europeos, principalmente italianos y españoles, llegados en las oleadas inmigratorias. Los mestizos y amerindios constituyen el 3%. Los extranjeros residentes alcanzan el 4,2% en 2001 (de ellos, 270.000 italianos y 254.073 españoles).


Existen 35 pueblos indígenas, integrados por 600.329 personas; ello se entiende sin perjuicio de que poco más de la mitad de la población tenga al menos un antepasado indígena, aunque generalmente se haya perdido la memoria familiar sobre el hecho.

El idioma español es el único de uso en la administración pública a nivel nacional, sin que ninguna norma lo haya declarado como oficial.

El Estado no tiene religión oficial, aunque la Constitución reconoce un carácter preeminente a la Iglesia Católica, que el Estado debe sostener. El 92% de los argentinos han sido bautizados en ella (no hay datos sobre el número de practicantes); el 2% son evangélicos; el 16%, agnósticos o ateos; el 1,5%, musulmanes; el 2%, judíos.

La esperanza de vida es de 77,14 años, y la tasa de alfabetización 98,1%.

Continuando con el análisis económico iniciado en la entrada Argentina 1, hay que señalar que es una nación rica en recursos, con una fuerza laboral bien formada y su economía es una de las mayores de América del Sur. Sin embargo, ha sido víctima de un ciclo de altibajos económicos y crisis recurrentes a lo largo del siglo XX.

La fuga masiva de capitales a partir de 1997, llevó en 2001 al entonces Presidente De la Rúa a la congelación de depósitos bancarios (‘política del corralito’). 

Una profunda recesión anunció el colapso de 2001, que llegó al máximo en 2002 con una reducción del PIB en un 18% con relación al de 1998, y con casi el 40% de la población bajo el nivel de pobreza, con el descontento popular consiguiente. El país se enfrentó a déficits de gran cuantía en la deuda exterior y precisó de una devaluación de su divisa.

Hacia 2003 estaba en marcha una recuperación, y el FMI concedió un nuevo préstamo, que resultó vital. Argentina reestructuró su enorme deuda, ofreciendo nuevos títulos a los acreedores en lugar de los devaluados y pagó su débito al FMI.

Sin embargo, la extendida pobreza y el alto desempleo hacen que muchos argentinos sigan a la espera de los beneficios del resurgir económico.

Cuando Cristina Fernández sucedió a su marido en 2007, el crecimiento económico de los años precedentes empezó a hacerse notablemente más lento, coincidiendo con el comienzo de la recesión mundial de 2008.

Hubo un contratiempo en las legislativas de 2009, cuando el partido peronista perdió el control de ambas cámaras. Sin embargo, mantenida a flote por una economía en ascenso, Cristina Fernández fue reelegida para un segundo mandato en octubre de 2011. La situación ha vuelto a empeorar a medida que el gobierno ha seguido confiando en las políticas de expansión fiscal y monetaria que han mantenido la inflación entre el 21 y el 25%.

La presidenta ha acentuado el carácter populista, a menudo con tintes demagógicos, y ha practicado una política poco escrupulosa con relación a terceros países inversores o acreedores, política que ha supuesto cierta conmoción a nivel internacional y puede perjudicar, tanto las futuras inversiones en el país, como el apoyo al mismo en cualquier tipo de eventuales conflictos.





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