sábado, 21 de enero de 2012

YUGOSLAVIA



YUGOSLAVIA    Europa del Sudeste

Con el nombre de ‘Yugoslavia’ se designa a una entidad política, hoy ya no existente, pero importante en su día, que estuvo ubicada, aunque con regímenes y extensión variables, en el NO de la Península Balcánica, con costas al Mar Adriático, durante varios periodos del siglo XX.

En el nacimiento de Yugoslavia tras la Primera Guerra Mundial, confluyen dos factores.

Uno, el originario, es el paneslavismo nacionalista del que se constituye en bandera Serbia, ya desde fines del siglo XIX, con el proyecto, mantenido hasta el fanatismo, de construir una ‘Gran Serbia’, que no otra cosa será en el fondo (y no tan en el fondo) Yugoslavia, de la que Serbia fue siempre la columna vertebral. Recuérdese que ese fanatismo y ese proyecto habrían sido en su momento el detonante de la Primera Guerra Mundial, que acabó con toda una época (ver entrada ‘Austria 1’).

Otro, el coadyuvante, fueron los intereses y manejos de Francia (representada por Poincaré y Clemenceau) y de Gran Bretaña (léase Lloyd George) para crear un potente estado ‘yugoslavo’ en la zona, que sería , con Rumania y Checoslovaquia, uno de los miembros de la llamada ‘Pequeña Entente’, la cual defendería tales intereses en la Europa Oriental. Todo esto en el momento de preparar los Tratados que se impondrían a los vencidos (en honor del Presidente americano Wilson, hombre de buena fe, hay que decir que se marchó asqueado a su tierra sin querer comprometerse con tales Tratados). Para conseguir tal fin, no importó sacrificar a los innumerables eslovenos, croatas y bosnios que no tenían ninguna gana de acabar bajo la bota serbia. Y así empezó lo que acabaría como todos hoy sabemos. 

Como ilustración de lo antedicho, incluiremos dos anécdotas. Italia debería de haber entrado en la guerra en el otro bando del que lo hizo, pues era miembro (aunque poco seguro) de la Triple Alianza. Por el Tratado secreto de Londres de 1915, franceses y británicos consiguieron que entrara al lado de ellos, prometiéndole la costa dálmata, veneciana en tiempos históricos y ahora austrohúngara. Pues bien, imagínese la desesperación italiana cuando, al preparar los Tratados, se anunció a la aliada Italia que Dalmacia iba para el nuevo reino mimado. En una reunión de alto nivel, el jefe del gobierno de Italia, Orlando, entremezcló sus protestas con llantos, en una escena operística, mientras Clemenceau, que sufría de la próstata, comentaba con su aire de vieja foca a su secretario: ‘¡si yo pudiera orinar con la misma facilidad con que éste llora!’  (en realidad, no dijo exactamente ‘orinar’).

Algunos años más tarde, cuando ya se había liquidado la desastrosa intervención griega en Anatolia, inducida por Lloyd George, el rey Alejandro de Yugoslavia, durante un viaje oficial a Turquía y en un ambiente distendido, le confesó a Atatürk cómo el británico le había insistido para que ellos, los yugoslavos, repitieran la operación. Kemal Atatürk respondió sin inmutarse: ‘Es igual; les hubiéramos derrotado a ustedes igual que a los griegos’.

Después de tan largo exordio, examinemos los hechos con un criterio más cronológico. 

Hasta 1929, el nuevo estado adoptó el nombre de ‘Reino de los serbios, croatas y eslovenos’. Se había establecido el 1 de diciembre de 1918, previa anexión de los territorios austrohúngaros del norte y costa dálmata; concretamente, de Croacia, Voivodina y Eslovenia de la parte húngara del Imperio; Carniola, parte de Estiria y casi toda Dalmacia del lado austriaco, además de la provincia imperial de Bosnia-Herzegovina.

Se llevó a cabo un plebiscito en la provincia de Carintia (10 de octubre de 1920), en el que la población, por amplia mayoría, optó por integrarse en la nueva república austriaca, a la que sigue perteneciendo. Con ocasión de tal plebiscito, se emitieron dos series de sellos; una austriaca  y otra yugoslava. 

Emisión austriaca

Emisión yugoslava
La ciudad portuaria dálmata de Zadar (Zara) la adquirió Italia; la ciudad de Fiume (Rijeka) fue declarada ciudad-estado libre, pero fue ocupada, y luego anexionada en 1924, por Italia.

No se olvide que, antes de todas esas anexiones, Serbia se había incorporado el reino de Montenegro el 13 de noviembre de 1918, aprovechando la ausencia del rey; y que, antes aún, con ocasión de las guerras balcánicas de principios de siglo, se había quedado con buena parte de Macedonia.

El resultado fue un verdadero ‘frankenstein’; no es de extrañar que las tensiones fronterizas perduraran y estallaran durante la Segunda Guerra Mundial. El Estado nacido en 1918 tenía una superficie de 247.542 Km2, y contaba en 1931 con 13.934.000 habitantes.  Los primeros sellos emitidos fueron para regiones determinadas (Croacia y/o Eslovenia). Se muestran ejemplos.


Hay que esperar a 1921 para encontrar sellos destinados a todo el país, que, iniciando una tradición que luego mantendrá la república socialista, se imprimen en dos alfabetos, latino y cirílico, sobre cada sello o alternadamente en los de cada serie. 

Naturalmente ocupó el trono la dinastía serbia Karageorgevich. Dada la mala salud del rey serbio Pedro I, se puso al frente desde el primer momento su hijo Alejandro, primero como Regente y desde 1921 como Rey.

El monarca y su gobierno intentaron cohesionar el nuevo país política y económicamente, tarea difícil debido a la diversidad de nacionalidades y religiones y a las grandes diferencias en cuanto a desarrollo económico. 

Las tensiones, que aumentaron desde 1928, llevaron a Alejandro I a clausurar el Parlamento desde principios de 1929, asumiendo poderes dictatoriales. En política exterior, mantuvo la alianza con Francia y la Pequeña Entente. Fue en ese año cuando se adoptó el nombre de Yugoslavia (compuesto por dos palabras serbocroatas: Yug = Sur y Slavija = tierra de los eslavos).

Se decretó una nueva organización territorial, al margen de las nacionalidades históricas, lo que aumentó los enfrentamientos y, como consecuencia, la represión. En 1934, un terrorista macedonio, inducido por círculos croatas exiliados, asesinó en Marsella, durante un viaje oficial, al rey Alejandro I y al Ministro de Exteriores francés, que lo acompañaba. Le sucedió su hijo Pedro II, todavía menor de edad, asumiendo la Regencia su tío el príncipe Pablo. Éste trató de reformar la dictadura heredada y de llevar a cabo una política de acuerdos, resolviendo sobre todo el problema principal de la oposición croata a la estructura del Estado. Así, el 20 de agosto de 1939, concedió una  autonomía tan amplia a Croacia, que ésta quedaba unida al resto de la nación sólo por el hilo sutil de la persona del monarca.

El acuerdo no logró el objetivo previsto: bosnios, serbios y eslovenos manifestaron desear el mismo grado de autonomía, los serbios de Croacia se sentían desamparados, y (como no era difícil de adivinar) a los croatas todavía les parecía poco. 

Entre tanto, había comenzado la Segunda Guerra Mundial. Desde hacía algunos años, Pablo y su gobierno se habían ido alejando de la tradicional política profrancesa, acercándose de forma paulatina a Alemania, la cual había protegido a Yugoslavia de las secuelas de la crisis de 1929 comprándole masivamente su producción agrícola.

El detonante de la crisis en el sector fue el inmotivado ataque de Italia a Grecia iniciado en octubre de 1940 por decisión personal de Mussolini, que ni siquiera se lo había comunicado a su aliado Hitler. La ofensiva fue un absoluto desastre, y, como era lógico, los británicos empezaron a desembarcar tropas, para combatir al lado de los griegos, en lo que para ellos era una ocasión pintiparada de volver a poner pie en el continente después de Dunkerque.

Al Führer todo esto lo cogió de contrapié. No tenía ninguna gana de intervenir en el sur de Europa (consideraba que esa zona era competencia de su aliada Italia), y, sobre todo, estaba obsesionado por comenzar cuanto antes su gran proyecto, la ‘Operación Barbarroja’, es decir, el ataque a la URSS (de la que tampoco había informado a Mussolini). 

Pero no podía consentir que los británicos abrieran un segundo frente, y estaba claro que los italianos no iban a evitarlo por sí mismos. Todo esto está detrás del pacto que se firma en Viena con el gobierno yugoslavo el 25 de marzo de 1941. Pero dos días más tarde, el 27, tiene lugar un golpe de estado militar, de clara inducción británica, que derriba al gobierno y proclama rey a Pedro II, anticipando su mayoría de edad. El golpe es aplaudido en Belgrado, pero no en la croata Zagreb. El ex - regente marcha al exilio.

El ataque alemán se inicia el 6 de abril, con lo que la Operación Barbarroja no puede sino posponerse hasta el 22 de junio (fecha demasiado avanzada, con las consecuencias que en su momento se verán). Participan en el ataque a Yugoslavia, Bulgaria, Hungría e Italia (o sea, todos los que tenían cuentas pendientes). El gobierno yugoslavo capitula el 17 de abril. Pedro II y su gobierno se fueron a Gran Bretaña. Allí, el rey acabó sus estudios en Cambridge y después se unió a la R.A.F. En la foto adjunta lo vemos con Churchill y Montgomery. Los políticos formaron un gobierno en el exilio (que emitiría una serie de sellos para los marinos yugoslavos que combatían del lado aliado). Tampoco es que los aliados le hicieran mucho caso, y acabaron decantándose, como veremos, por los partisanos comunistas.

La invasión supuso el descuartizamiento de Yugoslavia. Los tres fragmentos más importantes fueron los estados satélites de Croacia, Serbia y Montenegro; Hungría recuperó la Voivodina; Bulgaria, la Macedonia serbia; Italia, Dalmacia, estableciendo sobre Eslovenia una especie de protectorado; el Reich redondeó su frontera SE con las provincias austriacas perdidas en 1918. Por si la complicación fuera poca, la ruptura de noviembre del 43, a raíz del armisticio unilateral de Italia, ocasionó la ocupación alemana de las zonas italianas.

Los estados de Croacia, Serbia y Montenegro en esta agitada época, se contemplarán en las entradas correspondientes a cada uno. Aquí sólo haremos una referencia a algunos casos:

A) En la zona eslovena de Liubliana, los italianos emitieron, de 1941 a 1943, sellos de ocupación. 


B) De 1943 a 1945, cuando se produjo el cambio de frente italiano, fueron los alemanes quienes lo hicieron.

Lubliana

Zara (Zadar)
C) También las islas Jónicas, pertenecientes a Grecia, participaron en el aquelarre. Aparte de las emisiones generales para ellas, que se contemplan en la entrada correspondiente, los italianos emitieron sellos particulares para algunas de las mismas, como Zante o Cefalonia-Itaca.

Zante

Cefalonia e Itaca

D) Volviendo a Yugoslavia, los búlgaros vieron la ocasión de recuperar la Macedonia perdida en la Guerra Balcánica de 1913, y la ocuparon.

Macedonia
E) Los croatas participaron en la fiesta, sobrecargando sellos para Sbenica- Spalato, hasta 1943 en manos italianas.

Sbenica-Spalato

F) Nada más acabar la guerra, en 1945, los yugoslavos emitieron sólo para la península de Istria y litoral esloveno, sellos utilizados hasta la formación de la Zona B de Trieste en 1948. La leyenda es doble, en esloveno y en italiano.


También la administración militar yugoslava emitió para esta disputada zona.


Volvamos al desarrollo de la guerra. Desde muy pronto, se organizaron grupos, cada vez más numerosos, de guerrilleros o partisanos, muy dependientes para sus operaciones de la provisión de material por parte de los angloamericanos, dada la penuria del desaparecido ejército yugoslavo. Lo que ocurrió es que se formaron dos facciones dentro de los partisanos: una era la de los ‘chetniks’, monárquicos, dirigidos por el general Mihailovich; otra, la de los comunistas, dirigidos por Tito. Ambas se dedicaron a combatirse tanto o más que a los alemanes e italianos. 

Los angloamericanos empezaron apoyando a los chetniks, para acabar abandonándolos y apoyando a Tito. No hay que olvidar al respecto que el mandamás, entre los aliados occidentales, no era Churchill, sino el Presidente americano Roosevelt, quien, como es bien sabido, consideraba, con preclara visión, a Stalin, como ‘un fiel aliado y un sincero demócrata’. Mihailovich acabó fusilado por los comunistas, y los chetniks desaparecieron. La guerrilla yugoslava es cierto que fue la más importante de las que operaron en la Segunda Guerra Mundial, pero, aun así y en honor a la verdad, ha de decirse que su papel ha sido sobrevalorado por razones propagandísticas. Los alemanes hubieron de llevar más tropas, pero, hasta el hundimiento final con el ejército soviético a dos pasos, fueron quienes llevaron la iniciativa en el plano general, como es normal que ocurra en estas situaciones. 

En 1945, la ocupación del territorio yugoslavo por los partisanos de Tito supuso, en primer lugar, una masacre de italianos tan cuantiosa, que el número de asesinados fue, y ha seguido siendo, semiocultado a la opinión pública de Italia. Supuso también la abolición formal de la monarquía y la proclamación de una República que ha tenido varias denominaciones. Entramos, pues, en una nueva etapa. 

El protagonista era, y continuó siendo, Josip Broz, nacido en 1892, más conocido por su ‘nombre de guerra’ de Tito, que se convirtió en definitivo. Dado su largo historial en la Komintern, todo el mundo suponía que Yugoslavia pasaría a ser un satélite soviético más de los que se crearon en Europa Oriental por esas fechas. La sorpresa fue que Tito se negó a asumir ese papel: ni  presencia del ejército soviético, ni pertenencia (más tarde) al Pacto de Varsovia, ni obediencia a las directrices de Moscú. Pretendía seguir su propio camino. 

Se esperaba en Occidente una inminente invasión soviética, pero Stalin tronó, fulminó y excomulgó, mas no intervino, con gran alivio de las potencias occidentales, para las que el yugoslavo quedó convertido en una especie de niño mimado, al que no se tuvieron en cuenta veleidades posteriores, como la de ser uno de los dirigentes de un movimiento tan ambiguo, en aquel momento, como el de Países No Alineados (1956). En todo caso, condenó las intervenciones soviéticas en Hungría, Checoslovaquia y Afganistán. 

El 31 de enero de 1946 nació oficialmente la República Federal Popular de Yugoslavia, que pasaría a llamarse en 1963 República Socialista Federativa. Durante su existencia, la única modificación territorial digna de mención fue la integración en 1954 de la llamada Zona B de Trieste (515,5 Km2). (Ver entrada 'Trieste'). 

Tito, inicialmente Primer Ministro, fue Presidente desde 1953, y recibió el nombramiento de Presidente vitalicio en 1963. Aprendiendo de errores del pasado, y no siendo serbio, sino croata, puso especial empeño en crear un ambiente de hermandad entre las repúblicas integrantes, sin favoritismos. Sin embargo (obsérvese el detalle), los altos mandos de las fuerzas armadas fueron siempre serbios. Por supuesto, Belgrado fue la capital federal.

El Partido Comunista de Yugoslavia (compuesto a base de los partidos comunistas de cada una de las repúblicas constituyentes) se mantuvo en el poder.



Las repúblicas constituyentes de que se habla aparecen en el mapa adjunto, apareciendo los números explicados a continuación.


1. Bosnia y Herzegovina capital Sarajevo 2. Croacia capital Zagreb
3. Macedonia capital Skopje
4. Montenegro capital Titogrado (después Podgorica)
5. Serbia capital Belgrado
(5a. Prov.autonoma de Kosovo capital Pristina)
(5b. Prov.autónoma de Voivodina capital Novi Sad)
6. Eslovenia capital Liubliana

El mapa y las denominaciones son importantes, pues, en términos generales, han prefigurado la estructura actual de la zona tras la desintegración del estado yugoslavo. 


El país fue organizado bajo las directrices del llamado ‘socialismo autogestionario’. Existía la posibilidad de crear empresas privadas de hasta 5 trabajadores, en ciertos sectores. El resto eran públicas, pero estaban controladas por los propios trabajadores de cada empresa, quienes decidían cómo organizarse e invertir, y entre los cuales se repartían beneficios y pérdidas. 

Los productos de esas empresas públicas se vendían también en el mercado privado, lo cual llevaba a la competencia entre ellas. Por tanto, la economía no estaba centralizada, y era diferente a la de la URSS y demás países del Este. 

Salvo algún periodo de recesión, el país prosperó y el desempleo se mantuvo bajo. Debido a la neutralidad del Estado yugoslavo, fue posible exportar hacia los mercados occidentales y orientales. El hecho de que los yugoslavos pudieran emigrar libremente desde 1960, permitió encontrar trabajo en el extranjero, lo cual actuó también como fuente de capital y creó corrientes migratorias hacia Europa Central que aún subsisten. 


El sistema, creador de un modo de vida un tanto gris, que al menos parecía generar una mínima satisfacción, funcionó mientras vivió Tito. Éste falleció en 1980, y, durante esa década, comenzaron a producirse discusiones doctrinales y movimientos de inquietud, que, a principios de los años 90, dieron lugar a elecciones multipartidistas en las distintas repúblicas.

Los partidos comunistas, en muchos casos fragmentados o con nueva denominación, comenzaron aquí y allá a perder el poder.  Luego vino el proceso de disgregación, que daría lugar en Croacia y Bosnia a guerras largas, violentas y crueles.

En 1992, la Yugoslavia nacida en 1918 se podía ya dar por disuelta, proceso que será detallado en las correspondientes entradas.



Pero todavía hubo un último resto, como un fantasma: las repúblicas de Serbia y de Montenegro se mantuvieron unidas, conservando la denominación de República Federal de Yugoslavia. 



Esto duró hasta 2003, cuando cambió su nombre por el de ‘Federación de Serbia y Montenegro’.


En el año 2006, un plebiscito en Montenegro acabó con la Federación y con el último resto del fantasma. Después vendría el conflicto de Kosovo, pero eso es ya otra historia. (Ver entrada correspondiente).


domingo, 15 de enero de 2012

SWAZILAND. NAMIBIA. SHARJAH.



SWAZILAND        África del Sur


Capital: Lobamba. Mbabane.
Forma de gobierno: Monarquía absoluta.
Independencia (del Reino Unido): 6 de septiembre de 1968
Superficie: 17.364 Km2 (152º)
Población: 1.185.000 hab (154º)     Densidad: 68,2 hab/Km2
PIB/cápita: 5.635 $ (111º)
Miembro de: Commonwealth, UA

El reino de Swaziland  es un pequeño país sin salida al mar, ubicado en el Sur de África en las estribaciones de los montes Drakenberg, entre Sudáfrica, al Oeste, y Mozambique, al Este. Recibe su nombre de la tribu swazi, una etnia bantú.

El rey Sobhuza I, muerto en 1839, reagrupó a su pueblo en la zona donde habita actualmente. El nuevo rey, su hijo Mswati II, lo mantuvo unido frente a la amenaza boer y conservó buenas relaciones con los colonos británicos.

Swaziland se convirtió en protectorado británico  en 1888, manteniendo ese status hasta pasar a ser colonia en 1935.




En 1963 se estableció la autonomía interna, obteniendo el partido monárquico, Movimiento Nacional Imbokodvo, todos los escaños de la asamblea.


En 1968, el rey Sobhuza II proclamó la independencia.

El monarca eliminó la Constitución y abolió los partidos en 1973. Su sucesor Mswati III, en el trono desde 1986, mantiene la tradición de su padre, que reinó casi durante 61 años y tuvo un número indefinido de mujeres, simultáneamente, se entiende.

Mswati no ha mostrado ningún entusiasmo por compartir el poder. Swazilandia es una de las últimas monarquías absolutas que existen en el mundo. El rey gobierna por decreto, junto, eso sí, a su madre, la Indovuzaki (es decir, la ‘Gran Elefanta’), que actúa como una especie de líder espiritual.

En su momento, el país mantuvo excelentes relaciones con la Sudáfrica del apartheid, defendiéndolo públicamente y encarcelando a miembros del Congreso Nacional Africano.

Como es de esperar, el monarca es fuertemente criticado por algunos sectores, que no ven con buenos ojos su vida fastuosa en medio de un país bastante miserable. La multitud de coches de lujo y los millones gastados en las ostentosas mansiones de sus numerosas mujeres, no parece conforme con la realidad de un país en que aproximadamente el 34% de la población se halla desempleada y en situación precaria. Los monárquicos lo defienden afirmando que la democracia crea división y que un monarca supone  una poderosa fuerza unificadora.

En definitiva, la Constitución de 2006, tanto tiempo esperada, ha consolidado el sistema.

La nación se divide en regiones geográficas diferenciadas por la altitud, entre 200 y 1.300 metros. A ello corresponde una gran variedad climática, desde zonas subtropicales a otras semiáridas, y a no menos de tres ecorregiones: pradera montana, sabana arbolada y selva.

Tiene dos capitales: Mbabane (la más poblada, con 70.000 habitantes) es la capital administrativa; Lobamba es la real y legislativa.

La balanza comercial es deficitaria, exportando principalmente productos agrícolas (85% de las exportaciones totales): azúcar, madera y derivados, cítricos, algodón y carne. Las renovaciones agrícolas después de la independencia lo han sido dentro del marco tradicional, sin innovaciones tecnológicas dignas de mención, pues no obligaba a ello la presión demográfica.

Hay fábricas de azúcar y madereras. Se exportan diamantes desde 1984.

Los ingresos relacionados con las migraciones estacionales a Sudáfrica y las remesas de los trabajadores empleados en las minas sudafricanas, son dignas de tener en cuenta. En general, la vinculación con este país es fuerte, como mercado y como proveedor. Proporciona el 60% de la energía eléctrica y divisas relacionadas con el turismo, existiendo también un acuerdo aduanero.

El 84,3% de la población es swazi, y el 10%, zulú (también de la misma etnia). Hay un 3% de europeos. La distribución religiosa es: protestantes, 35%; iglesia africana de Sión, 30%; católicos, 25%. La Iglesia Africana de Sión supone una mezcla de cristianismo y creencias ancestrales indígenas, predominando en zonas rurales.

Una buena parte de las tierras está en posesión de europeos o de compañías extranjeras, pero se reserva el 55% para ser cultivado de forma exclusiva por los swazis.

La situación sanitaria es penosa. Las deficientes prácticas en la eliminación de aguas residuales, contribuyen a aumentar las ya altas tasas de enfermedades transmitidas por el agua. Sólo el 60% de los habitantes tiene acceso a unas adecuadas instalaciones sanitarias, y el 50% al agua potable segura.

Además, el 26% de la población adulta, según estimaciones optimistas, padece de SIDA, todo lo cual, unido a que el nivel de infección del virus es el más alto del mundo, hace que la esperanza de vida no supere los 48 años. El virus ha matado a muchos trabajadores y mujeres y es causa de numerosos huérfanos, lo cual hace las estadísticas a menudo inciertas.



NAMIBIA        África del Sur


Capital: Windhoek
Forma de gobierno: República
Independencia (de Sudáfrica): 21 de marzo de 1990
Superficie: 825.418 Km2 (34º)
Población: 2.030.692 hab (142º)      Densidad: 2,5 hab/Km2
PIB/cápita: 6.578 $ (104º)
Miembro de: Commonwealth, UA

La República de Namibia es un país que ocupa el territorio del que fue conocido como Suroeste Africano, y antes, como África del Suroeste Alemana (ver entrada 'África colonial'). Limita al Norte con Angola y al Sur con Sudáfrica.

Las primeras ocupaciones humanas registradas se deben a los san, de quienes luego hablaremos. Más tarde llegaron pueblos bantúes.

La costa fue explorada por el navegante portugués Bartolomeu Dias en 1486, pero la aridez del territorio no estimuló en ese periodo su colonización.

Hasta bien entrado el siglo XIX, los europeos sólo se interesaron puntualmente (primero portugueses, luego neerlandeses y finalmente británicos) por el puerto natural de Walvis Bay, que, tras años de ser un enclave, ha sido restituido actualmente a Namibia.

A mediados de siglo llegaron los primeros colonos alemanes, quienes darían al territorio el nombre de África del Suroeste Alemana, utilizado desde 1888.

Perdida esta posesión en la Primera Guerra Mundial, la Sociedad de Naciones la adjudicó a la entonces llamada Unión de África del Sur, todavía bajo égida británica, como Mandato, aunque fue de hecho administrada como una provincia más.

Años después, al producirse la ruptura del gobierno afrikaner con la mayor parte de la comunidad internacional y serle retirado el status de mandato o fideicomiso, pasó a ser una simple ocupación sudafricana. Durante ésta, se impuso el sistema del apartheid y se llevaron a cabo movilizaciones forzadas. Enormes granjas fueron asignadas a personas de origen europeo, mientras que los nativos africanos eran relegados a las zonas más pobres.

La principal fuerza opositora a tal situación fue el SWAPO (South-West Africa People´s Organisation), que se acabaría convirtiendo en representante de facto del pueblo del territorio.

Tras años de guerra de guerrillas, Sudáfrica acordó abandonar el Suroeste Africano y supervisar en 1989 la transición a la independencia. Ésta venía siendo reclamada desde hacía tiempo y con insistencia por la comunidad internacional.



Tal independencia se produjo en 1990, y desde entonces el SWAPO ha ganado todas las elecciones y sigue en el poder. El Presidente es elegido por sufragio universal para 5 años, y es él quien designa al Primer Ministro.


Namibia está ubicada en la región donde se yuxtaponen dos desiertos: el de Namib, típico desierto costero ligado a una corriente marítima fría, y, más al Este, el de Kalahari (compartido con Botswana), desierto zonal que corresponde al Sahara en el hemisferio Norte, pero mucho más atenuado por la menor continentalidad, dado el estrechamiento del continente africano al Sur del Ecuador.

En la zona septentrional, al darse mayores precipitaciones, aparece la sabana arbolada; allí se encuentra el Parque Nacional de Etosha, uno de los mayores del mundo. Existe asimismo una pradera inundada por el Zambeze al NE., en la estrecha Franja de Caprivi.

La economía se funda ante todo en la minería, exportándose principalmente diamantes y uranio. Namibia es el 4º mayor exportador de minerales no combustibles de África, y el 5º mayor productor de uranio del mundo, con tendencia a ascender. Produce importantes cantidades de plomo, zinc, estaño, plata y wolframio.

Alrededor de la mitad de la población depende de la agricultura (principalmente de subsistencia), y todavía tiene que importar el país parte de sus alimentos.

Todo lo antedicho conduce a una altísima desigualdad de ingresos, al existir una economía urbana e industrial y otra rural, de muy diferente desarrollo. Por lo demás, se trata ahora de estimular la inversión extranjera y el turismo, que, en su variedad de ecoturismo, experimenta un alza constante.

Pese a lo reducido de su población, Namibia cuenta con muchos grupos étnicos diferentes, siendo el mayor el de los ovambos. La población blanca suma el 7% del total, y un 8,5 la mulata, estimándose un 2% de chinos. La convivencia es buena, y los conflictos étnicos, escasos.

La mitad de los namibios tiene como lengua materna el ovambo, mientras que los más hablados y entendidos son el afrikaans y el alemán, aunque el inglés se extiende rápidamente.

El 90% de los habitantes se identifica como cristianos, yendo en cabeza la Iglesia Luterana, seguida por el catolicismo.

Se calcula que el 21,3% de la población está infectado por el virus del SIDA, lo que reduce la esperanza de vida a 43 años. El promedio de hijos por mujer es 2,94 (una de las tasas más bajas de África). El 84% de la población está alfabetizada.

Los bosquimanos (palabra derivada del afrikaans, significando ‘hombre del bosque’), más correctamente llamados san, constituyen varios pueblos tradicionalmente cazadores - recolectores, que hablan alguna de las lenguas joisanas, caracterizadas por incorporar sonidos de chasquido o cliqueo (hay hasta 80 tipos diferentes de ellos, y el 70% de las palabras comienza con un chasquido, que puede ser ingresivo, cuando el aire entra en la boca, o egresivo, cuando sale).

De los 100.000 que hoy existen, 33.000 habitan en Namibia (en Botswana hay más, pero bastante mal tratados, como se expone en la entrada ‘Botswana’). Es de sumo interés la comprobación realizada por el estudio cromosómico, de que son genéticamente similares a los primeros humanos que abandonaron África y colonizaron el resto del mundo.

La mayor parte de los san vive dispersa en los 500.000 Km2 del desierto de Kalahari. Hoy en día, casi ninguno se dedica sólo a la caza - recolección, convertida en un recurso complementario. Muchos viven como pastores, trabajando gratis a cambio de alimentos, o cobran salarios mínimos como jornaleros, criados o en asentamientos del Gobierno. La mayor parte vive en la pobreza al carecer de tierras, mientras otros buscan nuevas formas de vida como agricultores y ganaderos en la tierra que les queda.


SHARJAH


Sharjah forma parte de los Emiratos Árabes Unidos, siendo el 3º en extensión (2.590 Km2). Gracias a dos enclaves, es el único que tiene costas al Golfo Pérsico y al Océano Índico.

Dos puntos procede destacar sobre este emirato.

En primer lugar, la proximidad (casi contigüidad) de su capital con la de Dubai, situado inmediatamente al O, hace que hoy día los dos centros urbanos formen prácticamente una conurbación, estando unidos  por una red de vías de alta velocidad.

Ahora bien, como la vivienda es bastante más barata en Sharjah, la consecuencia es que numerosos trabajadores de Dubai, de recursos limitados, tengan su residencia en Sharjah, con lo que los atascos de tráfico en determinadas horas están garantizados.

El segundo punto aludido, que constituye una peculiaridad de Sharjah es que, en determinado momento, los wahabitas saudíes ejercitaron fuertemente su influencia, y eso (con alguna propina que otra, en forma de subvención) hizo que sea en la actualidad el ‘estado  islamista’ por antonomasia de la Federación, lo que le da un carácter singular, no muy apreciado por los turistas.

A diferencia de Dubai, no se puede introducir, beber ni poseer alcohol, y ni siquiera existen cafetines donde fumar una ‘shisa’. El mayor decoro en el vestir es de rigor, principalmente en las mujeres, y, al menos en teoría, no pueden según la ley viajar juntas parejas que no estén casadas, ni ‘encontrarse a solas en lugares públicos ni en circunstancias sospechosas’.


Esta mentalidad influye en la arquitectura. Hay rascacielos, pero todos parecidos, sin fantasías y de color arena del desierto, lo que, junto con el ambiente, recuerda en algún momento las ciudades de la vieja Europa socialista. Los edificios de carácter monumental se atienen estrictamente a la decoración musulmana más tradicional, carentes de toques personales de arquitectos y decoradores heterodoxos.

Sharjah trata de compensar estas peculiaridades poco atrayentes presentándose como la ‘capital cultural’ de los Emiratos, multiplicando el número de museos, de los cuales el más conocido es el Museo Islámico, bien instalado, pero con más propensión al proselitismo que a la originalidad de los objetos expuestos. También organiza anualmente una Feria del Libro patrocinada personalmente por el Emir.

Cuenta con amplios oasis, que producen variedad de frutas y vegetales. Asimismo tiene petróleo y gas, si bien en cantidad muy inferior a Abu Dhabi. Su economía descansa más bien en el comercio y el sector terciario.


Como los demás emiratos, emitió sellos propios hasta 1973.


Khor Fakkan


Este enclave, que proporciona a Sharjah un importante puerto en la costa oriental, emitió asimismo sellos propios entre 1965 y 1969.